¿Por qué le echamos la culpa a la naturaleza?

Bien sabido es que a lo largo de toda la existencia de la humanidad, o más concretamente de la civilización,  el ser humano siempre ha tratado de hacer cosas que parecen salidas de cuentos de la más pura ficción, y ha cumplido tales empresas con éxito. A medida de que las cosas se ponían duras, logramos darle la vuelta con nuestra inventiva y gran imaginación. Inventamos métodos para hacer fuego y beneficiarnos de él, logramos organizarnos a nivel social, diferenciándonos de nuestros vecinos animales, logramos crear códigos de comunicación, lenguajes, escritura, armas para defendernos, construimos sólidos establecimientos para vivir y resistir la intemperie, etc., la lista no terminaría nunca.

Podría decirse que desde que tenemos uso de razón, y bien queda el término “uso”, hemos tratado de dominar las cosas, que todo salga en nuestro beneficio. Y si podemos concordar en que avanzamos muchísimo desde que estamos habitando este lugar, una de nuestras mas grandes metas es la de conquistar la naturaleza y hacerla funcionar a nuestra voluntad. Y cada cosa que creamos para facilitarnos la vida aquí es a expensas de esa inconformidad con el orden natural de las cosas, el cual queremos siempre moldear a nuestra conveniencia.

Si bien es cierto que los humanos llevamos poco tiempo relativo desde que el mundo se formó, la naturaleza, y cuando me refiero a la naturaleza, me refiero a todo aquello que no podemos totalizar, predecir, o dominar, todo lo que podemos ver fuera de nosotros y en lo que nosotros no hayamos participado, ha sido vista como un obstáculo a vencer. Nuestro deseo de imponer, de dominar, de conquistar esta tatuado en nuestro código genético y es lo que nos ha llevado a estar donde estamos.

Sin embargo la naturaleza no es algo que podamos cuantificar, existe cualquier cantidad de variables que podemos enumerar y otras que ni imaginamos, en las cuales podríamos salir “perjudicados” y quedar del lado vencedor. El punto está en por qué vemos la vida como una batalla contra el entorno, por qué nos enemistamos con lo único que nos tiene aquí existiendo.

Siempre que ocurre algo que no podemos manejar como inundaciones, terremotos, deslizamientos, los llamamos desastres, simplemente porque perjudica la calidad de vida que el status quo nos obliga a llevar. Le echamos la culpa a la naturaleza y en “agradecimiento” la maltratamos más para que en su próximo intento por reacomodarse, no seamos nosotros los afectados. Consideramos que lo mejor que tiene el desarrollo es que a mayor nivel de destrucción y mayor crecimiento científico-urbano, estamos beneficiando el futuro de la humanidad. Hay que hacer una pausa y ponerse a mirar alrededor y ver qué es lo que realmente está pasando.

La velocidad con la que se desarrollan los eventos a lo largo del mundo es incalculable, desde lo más grande a lo más pequeño, todo está en constante movimiento, y seguir todos los cambios que van ocurriendo es sencillamente imposible, aunque lo intentamos. Y como es tanta la información que nos meten por los ojos es prácticamente imposible procesarla y analizarla para poder sacar algún aprendizaje. Tal vez esa sea la razón por las que muchas naciones tienes décadas y décadas con los mismos problemas triviales, se habitúan a ellos, en cierto modo se “encariñan” y se apegan al discurso repetitivo una y otra vez para salir de paso y proteger sus posiciones. Sí, creo que sabemos de quienes hablo.

Sea como sea, nosotros como seres que nacimos en esta tierra, este planeta, tenemos la obligación de no hacernos ajenos a este hecho, opacado por la religión, la publicidad, el comercio agresivo y el desarrollo de la humanidad, tomar en consideración que todo en este planeta está en movimiento y que nuestra actividad tergiversa el orden de los ciclos haciéndolos cada vez mas impredecibles e implacables, sentenciándonos por nuestro accionar; ser más conscientes de que formamos parte de algo mucho más grande que nosotros y que este mundo no está terminado aún, falta muchísimo para que podamos apreciar el mundo en su forma final, su verdadera forma, siempre y cuando dejemos algún mundo que mirar…

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Lo que quieren los demás

Las personas somos seres que dependemos siempre de otros, ya que solos sería imposible hacer ciertas cosas como crecer, por ejemplo; necesitamos siempre de alguien que en cierto modo este ahí para apoyarnos o alentarnos o para decirnos que algunas cosas son mala idea, no podemos evitar esto aunque muchos se esfuercen por probar lo contrario.

Pero a pesar de que somos seres sociales, somos individuos únicos, con una mente y una personalidad individual, una visión diferente a la de cada persona que tenemos al lado y formas distintas de pararnos ante la incertidumbre del porvenir. Cada persona tiene la capacidad de medir el tamaño de sus problemas y de plantearse las soluciones  según sea el escenario, bien sea que les convengan o no, si afecten a terceros o no. Y muchas de estas decisiones son cruciales, pueden marcar hitos importantes en la historia de cada uno.

Por otra parte, las personas de nuestro circulo social, al tener una idea de quiénes somos y que cosas hacemos, suelen hacerse una expectativa general de lo que somos capaces de dar o plantearse un esbozo de lo que podríamos aspirar a futuro, y apegándose a ello dejando de lado la verdadera realidad de los sueños y ambiciones que tenemos, y que pueden o no converger con su idea, hasta el punto de que hacen planes en torno a las decisiones que podría uno tomar o no, ya que dan por sentado los posibles movimientos que podamos hacer, caminando por un camino imaginario.

Si bien es cierto que hay personas que cuentan con uno, y que uno trata de hacer lo mejor posible para no defraudar, uno tiene el poder de pensar en el camino propio, ver como se está parado y tratar de seguir siempre por el mejor de los senderos, y muchas veces, hay que hacer grandes sacrificios para seguir avanzando y no quedarse estancado, esperando que las cosas caigan solas para irse apartando de lado poco a poco.

Por más que queramos cultivar en tierras muertas, siempre será un esfuerzo inútil, y ante la necesidad, hay que mirar en todas las direcciones y buscar la mejor opción para sembrar.

Las decisiones cruciales vienen acompañadas de pesar y dolor, pero hay que mirar la foto completa y asimilar que las cosas siempre se hacen con la mejor de las intenciones para tratar de enderezar los entuertos de alguien más.

Los humanos desde que estamos en el mundo hemos entendido bien que si las cosas se ponen difíciles hay que reinventar las cosas para poder seguir acá, y no sucumbir ante la dureza del mundo, porque el mundo es hostil por naturaleza. Ese instinto de poder sobrellevar las dificultades esta mas que tatuado en nuestro código genético y es la clave del éxito de nuestra especie, y hoy en día, donde las amenazas son mucho más grandes y más diversas que hace tantos años, es mucho más eficaz apegarse a nuestro espíritu primitivo y explorar en busca de mejores condiciones para mantener integra nuestra existencia. Y aunque otros no quieran que hagamos lo que sentimos que es correcto, nadie mejor que nosotros para juzgar lo que es mejor para nosotros.

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Estatuas grises/Un problema serio

Hoy en día no me canso de ver como las personas se quedan estáticas mientras las cosas le pasan de frente por la cara. No hacen nada para interactuar, convertir sus energías en algo más valioso, formar parte de algo importante. Las personas solo se quedan sentadas en su zona de confort esperando a que las cosas lleguen de la nada a sus pies. Esperando. ¿Acaso no saben lo delicado que es el tiempo?

En mi país la esperanza de vida es de 74 años aproximadamente, y aun veo gente que a pesar de haber cumplido casi un tercio o más de esta cifra no tratan de moverse y hacer más por sus vidas. Ciertamente, actualmente, vivimos un problema político-social grave y esto dificulta muchísimo el cumplimiento de las metas que se proponen para darle curso a su vida. Sin embargo, ni siquiera tener un plan a estas alturas del partido no es una muy buena opción.

No se completamente cuáles son las razones del adormecimiento de las personas ante las circunstancias en la que están desenvolviéndose pero puedo apostar que un factor bastante importante allí sería la pereza que da cargar responsabilidades que no les afecten directamente. Puede estarse quemando la casa de al lado, mientras no sea la tuya no tienes por qué hacer nada. Las personas se han convertido en especies de árboles que solo toman lo que necesitan del suelo y ya; no hay líderes que de verdad asuman posiciones para enfrentar los problemas, que organicen a los demás. Los llamados “líderes” de nuestro tiempo solo utilizan el dialogo para convencer al resto de participar en su causa  a nivel numérico, mientras los verdaderos beneficios son para ellos. Las personas deben participar más activamente en las cosas, no detrás de las redes sociales o el internet.

Siempre hay que aprender más, conocer más.

La monotonía es algo a lo que hay que temerle ya que devora las cosas que tenemos alrededor sin que nos demos cuenta, y uno de los síntomas evidentes de esta es que no sintamos la necesidad de cambiar las cosas porque nos parece que todo está bien como esta. Grave error. El universo, desde lo macro a lo micro, pasando por cada una de sus escalas está en constante movimiento, no creo que seamos nosotros los que agreguemos la excepción.

Hay personas que tienen fuego en su interior, pero no saben cómo darle provecho y se queman poco a poco, dejando cenizas y oportunidades muertas a su paso, creo que mientras podamos, hay que tratar de hacer la mayor cantidad de cosas posibles, como ir sembrando distintas plantas, no descuidar ninguna, para que nos den frutos a mediano y largo plazo.

Es completamente comprensible que necesitamos invertir tiempo para otras actividades como trabajar, que quizás nos quitan la mayor cantidad de tiempo en la semana, pero si podemos hallar un huequito para poder pensar y trabajar en las cosas que verdaderamente nos satisfacen, esas plantas pueden crecer sorprendentemente.

Si esperamos a que las cosas se den solas, que caigan de la nada, vamos a terminar convertidos en estatuas grises…

Probablemente haya personas allá afuera que tienen ideas geniales para hacer cambios pero no tienen la manera correcta de conectar con otros para que ayuden, o simplemente no permiten que otros no participen para compartir el resultado y los beneficios, mi opinión personal es que debemos actuar más desinteresadamente, sin descuidar la individualidad y la integridad de los que te rodean. Siento que dejando de lado los prejuicios y el orgullo se pueden lograr grandes cosas.

Soy de los que vive diciendo que la paciencia es una de las más grandes cosas que podemos tener, y lo mantengo, y también soy de los que dice que hay que dejar que las cosas fluyan, sin embargo, para que las cosas fluyan hay que mover el terreno para esperar que venga el torrente, recordemos que cuando nacemos, llegamos a este mundo sin nada, y sin nada vamos a irnos; ¿por qué no dejar más de lo que tenemos aquí, donde podemos disfrutarlo?

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Desmontando el laberinto

Es difícil tratar de no verse afectados por los problemas, de alguna manera siempre nos tocan la cara, y ante todo estimulo el cuerpo debe reaccionar, de otro modo seriamos muertos vivos o algo así. Si bien muchas personas son duras y no todas las cosas por difíciles que parezcan las mueven, hay otro grupo que siente más a fondo los problemas, los vive de una manera más emocional, mas a flor de piel.

No está mal que las personas tengan emociones marcadas, todos las tenemos, solo que muchas veces, esas personas se dejan llevar y no ven el camino con claridad. Y es a lo que voy.

Cuando las cosas se ponen difíciles, sea la situación que sea, lo ideal es nunca perder la calma, nunca perderse uno mismo, tratar de establecerse en el espacio y a partir de allí trazar un plan de acción para poder solucionar las cosas. Ciertamente uno puede decir esto con tranquilidad detrás de un teclado y una pantalla, es en situaciones extremas es donde se demuestra el verdadero “yo”, donde vemos de que estamos hechos, sin embargo, mentalizar y repasar un plan una y otra vez en infinidad de simulaciones mentales, sin duda alguna nos prepara para afrontar las cosas sin estar tan desprevenidos. Puedo decir que a mí eso me ayuda mucho, quizás no al resto, pero creo que es algo de lo que se puede comenzar.

Cuando digo que hay que establecer tu posición en el espacio me refiero a ubicar en donde estás tú en torno a una situación o un problema, ver de qué forma te afecta, de qué forma no te afecta y así visualizar una ruta de escape, si se quiere, para librarte de él. Esto todo lo digo en un gran plano general.

La cuestión más importante es nunca dejar de aplicar la razón y la lógica a las cosas, si actuamos más razonablemente y comprometiendo lógicamente los elementos que nos rodean podemos hacer cualquier cosa con mínimas probabilidades de fallo.

La gran ventaja que tenemos en el mundo es que podemos prever cosas evaluando las condiciones existentes ya que tenemos un gran cerebro para ello, otros no pueden y por eso las especies sucumben de formas insólitas. Si nos olvidamos de esto y actuamos por instinto como el resto de las especies, ¿cuál será la diferencia entre los animales y nosotros? Ciertamente las emociones no se irán de donde están, pero si dejamos que nos dominen por completo no daremos lo que tenemos al 100%, por lo que hay que educarlas para que no comprometan a la razón en momentos cruciales en nuestras vidas.

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Obsesión (cuento)

Era el cuarto día de trayecto y parecía que la cima se hacía cada vez más lejos. Según los habitantes del lugar, tomaría como máximo dos semanas para poder llegar, claro, según los cálculos. Sin embargo a cada paso las cosas se hacían más duras, el camino más difícil, con más obstáculos y oscuridad. Trechos de arboles inmensos que podría decirse que tapaban la cara al sol directamente, una tensa neblina que hacia las cosas más inciertas a los pocos metros del campo visual, no era definitivamente un camino para hombres.

Con el rumor de las bestias alrededor, él iba con el afán de conquistar lo que pocos, quería ser leyenda, que su nombre no fuese olvidado por las generaciones que sin duda alguna lo precederán. Le aconsejaron que no lo hiciera, hay formas más fáciles de alcanzar la fama, sin embargo, a su personalidad siempre le fue intrínseca una gran testarudez, que el mismo reconocía y a la que según él era la base de su éxito.

Pero el zigzag de la luz solar entre los ramajes y el frío de la superficie hacía que los pensamientos, la historia detrás de cada uno de los pasos, de las acciones ya realizadas, quedaran sedadas, adormecidas, anestesiadas.

Solo había un objetivo, llegar a la cima. No importa cómo, solo había que colocar una bandera que representara a la nación la cual lo vio crecer y que se siente orgullosa de él, y por otro lado su emblema, su nombre, su único afán. Todo en su mente estaba dispuesto para esa empresa; no cabía el mínimo pensamiento o la mínima idea de dar marcha atrás.

Día tras día, a cada paso conquistado, más cansancio, más fatiga, más hambre, las  provisiones están calculadas con recelo y no está previsto romper el esquema para que no falte nada hasta el día final; los ayudantes que lo acompañan, contagiados en un principio por un  heroico discurso que les recordaba que los obstáculos de la vida estaban allí para impedir la grandeza, y que al superarlos no quedaría más que la gloria y la eternidad; comenzaban a sentir como flaqueaban sus espíritus, y mirando hacia atrás veían que el camino de regreso se haría más corto si dejaban de avanzar; el aire puro aclara el juicio acerca de causas perdidas.

Transcurridas un sin par de horas y la presión, las miradas de desprecio y desconfianza aumentaban, pero él, sumido en su idea, su delirio, ignoraba todo aquello, porque no había nada mas importante en ese momento, y quizás en lo que quedara de vida.

Ya al caer la noche, el calor de una pequeña fogata iluminaba los rostros que poco a poco se sentían secuestrados por algo mayor que sus propias voluntades, cuando la lucha se vuelve de uno solo no tiene sentido recibir metralla para que el líder avance. Al caer dormido, víctima del cansancio, la decisión estaría tomada. Sus tres ayudantes abandonarían el camino.

Una nota en una pieza de papel húmedo de rocío de la mañana: “No podemos seguir manteniendo esto, abandonamos. Lo sentimos.” Ira y frustración.

Un pequeño trecho, un claro en el verdor asomaba la ansiada cima, aquella mitológica cima en que los dioses vigilaban sentados el reino recién creado, las criaturas que lo habitaban por toda la eternidad. Mirar hacia arriba, estirar las manos y sentir que podía acariciarla, sentir el calor emanado de su grandeza, alcanzar lo imposible. Sus ojos se hacían claros conforme se extasiaban al mirar el objeto anhelado. Pero al descender la mirada, seguía allí; el tortuoso camino que separaba una simple existencia de la grandeza, de la gloria eterna.

En compañía de su sombra, quien lo miraba fijamente mientras este avanzaba, los minutos se escapaban hacia donde sus huellas recién se secaban, pero por más que avanzara, el panorama no cambiaba en absoluto, la cima seguía inalcanzable.

La ambición, era lo único que lo mantenía en pie, pero el juicio también lo abandonaría, ya que la cordura como tal tiene sus reglas y limites, y la fe ciega hacia lo inalcanzable la vulnera tremendamente.

A cada tramo recorrido, un pedazo de él se iba quedando atrás, haciéndolo irreconocible, no habían palabras en su mente, no había tiempo, las cosas habían perdido su nombre, el había perdido el norte, solo se hallaba desnudo ante la grandeza, y esta lo miraba con desprecio haciéndolo sentir más insignificante. El terror se iba apoderando de él.

Un último destello de lo que alguna vez fue, una mirada al espejo de su interior, una rápida pregunta hacia la nada: ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué sigo aquí? ¿Qué es lo que queda de mí? Solo el silencio de la naturaleza escuchaba sus inquietudes.

Ante la gran majestuosidad, ya no quedaba nada por hacer, alguna vez quien quiso llegar a donde nadie ha podido, solo consiguió fundirse con el mito, su existencia dejo de pertenecerle, el sol se oculta tras la montaña y no habrá un nuevo mañana.

Las razones con el tiempo desaparecen, los vínculos día a día se debilitan más y eventualmente se desvanecen, hasta el punto de no recordar el cómo lucía alguien; solo encontrar una figura, una forma vacía que enfría el suelo y que la lluvia y las lágrimas la van deshaciendo…

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Tiempo

Todos tenemos en común que estamos bajo el dictamen del tiempo, sea para bien o sea para mal, todos necesitamos de este para ponernos en acción, o bien sea para descansar. Corto para algunos es, otros lo aprovechan con mayor plenitud, algunos ni lo notan, pero su influjo es crucial en todo lo que está vivo, sea o no consciente de ello.

Y nosotros metidos en nuestros asuntos, en nuestras vidas tratamos de aprovecharnos de él, exprimiéndolo lo más que podemos, y a veces, sin embargo, nos quedamos cortos. Porque nosotros no disponemos de é, él es quien pone las condiciones. Entenderlo no se puede, preverlo tampoco, aunque sabemos cómo avanza, no sabemos para donde nos manda, y todo es incertidumbre en torno a él, misterioso y oscuro, pero maravilloso.

En nuestra forma acelerada y egoísta (en el buen sentido, si se quiere) de vivir y apreciar las cosas siempre estamos en perpetua carrera contrarreloj contra el tiempo, tratando de hacer en el menor tiempo todo para tener tiempo para la siguiente batalla, pero no lo conseguimos, porque no jugamos de su lado, lo vemos como un contrincante al que debemos hacer caer siempre, y no debe ser así, es un aliado más.

Siempre estamos corriendo, tratando de hacer mil cosas a la vez, atender a alguien especial, descargando tu creatividad, escribir en un blog, ir a trabajar, tomar el transporte, dormir, mirar a todos lados buscando lo que no quieres ver, en fin, viviendo una vida donde tienes mil y un facetas distintas y todas deben actuar en armonía para evitar un colapso tuyo y de tu mundo, el que te has currado y en el que te desenvuelves, el que está de tus sentidos para afuera, y al final del día, ¿qué queda? Una copia, una réplica, una mala réplica del día anterior, y el tiempo entonces comienza a irse más rápido de entre tus dedos porque sencillamente no le das la atención que merece y hace que repares en el recordándote como lo has malgastado.

Que rudas son las cosas, pero son así y no podemos negarlas. Y lo que podemos hacer es obrar en función de que nosotros tenemos un límite, el tiempo que se nos concede es limitado aquí en esta realidad y usarlo sabiamente es la mejor decisión, nunca dejar de aprender es vital, desde una pequeña cosa diaria hasta oficios que cambiarán tu vida, pero ojo, no hay que dormirse con los libros arriba, se nos pasa el tiempo contemplando como abordarlo y ahí se va…

Usar el cerebro sobre todas las cosas siempre será la mejor elección a la hora de hacer cualquier cosa, desde planificar hasta vivir, porque por mas impulsivos que seamos, los impulsos salen de ahí.

Y si las cosas no salen como las tenias “cuadradas” no pierdas la cabeza, a fin de cuentas el tiempo es relativo, y no todas las personas nacemos a la misma hora… Ya habrá tiempo para compensar.

(Por cierto, por falta de tiempo me ausenté del blog, así que ¡hola de nuevo!)

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Hoy les debo el título

Hace tiempo que no me sentaba a escribir, han pasado tantas cosas últimamente que es difícil enfocar la concentración hacia una cosa en específico.

Y es que ha pasado de todo, desde conflictos que afectan desde el punto de vista social hasta cosas que tocan lo más personal posible, todo tiene repercusiones en mí, es inevitable.

Y la verdad es que no se por donde comenzar a desenredar todas las cosas que llevo adentro, ni sé como titular este post, pero tratare de que mis manos se hagan cargo y no me meteré mucho de forma consciente en lo que mi pulso decida escribir, o tipear en este caso…

El calor de las cosas a nuestro alrededor suele afectarnos de forma directa o indirecta, pero siempre nos afecta de algún modo y esto se traduce en la actitud a otras personas, el cómo reaccionan frente a distintas situaciones, como las sobrellevan a futuro, etc.

Tantos pensamientos acerca de cómo seguir llevando el curso de las cosas sin que se salgan de los rieles nos ocupa gran parte del día, y cuando se acumula el estrés de tantas cosas que ocurren es difícil ocultar el malestar y lo direccionamos en donde no es, dañando a terceros que no tienen nada que ver por el simple hecho de la frustración. Es difícil mantener una sonrisa cuando hay tanto peso en la cabeza.

El aguantar las cosas tanto tiempo hace que sintamos resentimientos hacia otros porque no tenemos el atrevimiento de decir las cosas por miedo a herir, y muchas veces  tocamos fondo cuando no  podemos más y acabamos explotando y dañando con las esquirlas a quien tenemos cerca. Nunca es la intención pero siempre quedan residuos del malestar del otro en el cuerpo.

Nos cargamos tantas veces de cosas que no podemos aguantar con el fin de tratar de conseguir algo mayor, pero cuando algo es muy pesado, la carga se va de lado. Caminar a la deriva sin noción de que tenemos adelante es algo riesgoso, ya que podemos perder las cosas que estamos cargando, quedándonos solos.

Pasa que la sensación de frustración es mayor que nuestra capacidad de pensamiento y omitimos el ordenar lógicamente los  eventos ocurridos en el pasado para poder idear estrategias  y dar frente al futuro, terminando abatidos y sin ganas de continuar porque nos dejamos llevar por la desesperanza. Nos olvidamos de que las cosas nunca salen de buenas a primeras bien y que muchas veces el tiempo hace que las cosas tomen un mejor curso. Obviamente para que un árbol nazca frondoso debemos plantar una semilla, pero si ya la tenemos sembrada solo debemos cuidar de que no se nos muera en el curso del tiempo.

La impaciencia es inevitable pero tenemos que ser resistentes y pensar en que todo se puede encaminar si se toman las decisiones más acertadas, no dejar que los tropiezos que obviamente tendremos nos dañen más de lo que son, simples tropiezos, y perdamos la fuerza para pensar y seguir luchando.

No quiero sonar como que sé todas las respuestas o todas las acciones a seguir, pero trato de esbozar mi forma de actuar frente a las dificultades  para recordarme a mí mismo que nunca debo perderme, que mantener la serenidad te hace ver mejor a través de los problemas y hallar su punto débil, para derribar y seguir avanzando.

Muchas veces las cosas nos tocaran mas en el fondo emocionalmente, y podremos sentir que la lucha no vale la pena o que nunca podremos salir de donde nos encontramos, pero estoy seguro que son solo nubes que se atraviesan entre la visión y la parte dentro de nosotros que nos hace movernos, que nos hace tomar con positividad los golpes. Con el tiempo aprendí a ser paciente, antes me desesperaba por todo, quería que todo saliera rápido pero en el fondo no sabía para que quería que las cosas ocurrieran rápido, y eso a mi forma de ver es un error, desear cosas sin saber para que nos sirven.

Así que para mí lo mejor es lo que se toma su tiempo, no quiero decir que hay que sentarse en el sofá a esperar tranquilamente, hay que ir preparando el lugar para que cuando lo que esperamos llegue tengamos donde ponerlo y no nos bloquee el camino.

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La predisposición al mal.

Me ocurre mucho que cuando trato de pensar en algo que quiero o cuando estoy a la espera de algo, mi cerebro siempre me conduce automáticamente al peor de los escenarios siempre. No sé si será igual con el resto de las personas, pero muchos conocidos también me dicen lo mismo, siempre pensamos en lo mal que podrían terminar las cosas a cada instante.

Cada vez que esperamos a algún conocido y se retrasa, automáticamente pensamos en que le ocurrió algo malo y que las cosas no van a terminar bien; es un poco chistoso, pero creo que hay que ponerle algo de atención a esa predisposición a pensar en negativo.

Ciertamente no podemos predecir las cosas, y claramente no tenemos la energía suficiente como para mantenernos optimistas el cien por ciento del día; pero tampoco tenemos que decaernos por lo que no sabemos qué ocurrirá.

Todas las personas sienten miedos y poco a poco estos temores van tomando forma de angustias y ansiedades y se van colando en nuestros deseos inmediatos y metas a largo plazo, tergiversando nuestras ideas y afectando nuestro estado de ánimo.

A veces esos temores nos crean películas en nuestras mentes, una tras otra, en las que las cosas toman giros inesperados y terminamos mal, y eso nos absorbe las ganas de hacer las cosas, desde entrevistas laborales a relaciones personales, haciendo que nos sintamos inseguros y temerosos.

Todos estos ejemplos puedo etiquetarlos como personales, ya que no puedo decir que soy la persona más confiada de todas, sin embargo he mejorado este detalle en mi actitud, ya que con el pasar del tiempo he aprendido que no todas las veces las nubes grises  terminan convirtiéndose en tempestades.

Cuando nos proponemos algo, queremos con todo lo que tenemos por dentro que se dé de buenas formas, sin embargo, muchas veces de nosotros no depende el curso de las cosas. Digo muchas veces porque en ocasiones nuestro empuje hace que haya cambios visibles.

Pero no siempre será así y no tenemos que temer por que las cosas acaben mal, solo hay que ser muy pacientes y saber esperar el desenlace, no perder la concentración y actuar con mucha inteligencia si los cambios no son favorables. El punto de manejar situaciones desfavorables es precisamente no perder la calma, no actuar por puro impulso.

El impacientarse también acelera el flujo de pensamientos y es casi imposible no pensar en tristes y oscuros desenlaces, son un reflejo de nuestras inseguridades.

Por eso para contrarrestar esto comencé a despreocuparme un poquito por el porvenir, ya que no hay manera de que se pueda ver con exactitud lo que viene del futuro hacia acá; no sin dejar de chequear por donde piso para no cometer fallos innecesarios, obviamente las cosas no siempre saldrán como queremos pero podemos idear varias opciones para no quedarnos varados en el medio del camino; hay que calmar los pensamientos y pensar en lo que verdaderamente tiene importancia, el resto caerá por su propio peso.

Quizás no podemos escapar de las sombras, pero podemos quedarnos en un rincón iluminado para ver las cosas pasar y tomar las decisiones más acertadas, además, las malas noticias viajan rápido así que si lo que te preocupa es la espera, aprende mejor a disfrutarla, las cosas buenas siempre tardan.

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Dejar pasar

Es una norma humana el sentir apego a las cosas. No podemos escapar de ello ya que necesitamos de que aferrarnos para impulsarnos y avanzar. Sin embargo no siempre tenemos una base solida a la cual agarrarnos y podemos caernos, retroceder, etc.

Las caídas duelen sin duda y muchas veces cuando no ponemos atención en el camino en el que andamos, una vez en el suelo estamos desatendidos y en shock tratando de comprender que paso, y por que duele tanto.

No podemos evitar esto, no creo que haya alguien en el mundo que haya tenido siempre en su vida el viento a favor. Todas las experiencias vienen disfrazadas de azar y cuando de lejos vemos como algo bueno, bien de cerca no es así. Siempre habrá momentos de dificultad en los que nos veremos entre la espada y la pared, sin saber qué hacer y cómo salir de ese callejón.

No podemos culparnos por el no saber qué hacer, nadie nace aprendido, y por más consejos que escuchemos, nunca aplicaran directamente a lo que vivimos.

La confianza es importante; al contar con algo o alguien que estará allí para apoyarnos y ayudarnos podemos avanzar un poco más sin riesgo de mirar hacia atrás. Pero más importante aún es la confianza en uno mismo, puesto que si las cosas llegan a fallar y nos dejan colgados en algún lugar podemos reorganizarnos y comenzar a movernos.

El apego lo sentimos gracias a la sensación de bienestar y comodidad que nos brinda algo o alguien, y nos quedamos allí estacionados porque estamos satisfechos, no necesitamos de más nada, y cuando por equis razón nos remueven el piso, quedamos mirando hacia los lados pensando en lo que salió mal, en que falló.

Si bien es cierto que en las relaciones humanas siempre hay deslices que pueden solucionarse limando asperezas y llegando a nuevos acuerdos, muchas veces es mejor emprender vuelo y marcharse lejos para comenzar de nuevo. El punto está en que la gran mayoría de las veces le tenemos miedo a las nuevas cosas y nos quedamos a disminuir nuestras virtudes a favor de reconstruir el pasado, para que todo sea como fue alguna vez.

Es muy difícil borrar las marcas que deja el tiempo, pero, con el tiempo, todo se va haciendo más fácil de remover; el pánico que nos ocasionan las perdidas nublan mucho la visión y el juicio, por lo que lo mejor es sentarse a organizar las piezas y rearmarlas de forma que podamos reconstruir nuevas bases para comenzar otra vez.

Aunque podamos rehacer nuestro camino no se quita de la memoria el sabor amargo de las caídas y las derrotas, pero a partir de estas es que tenemos que armarnos otra vez para empezar a escalar a la cima otra vez. Las marcas que nos quedan solo reflejan la experiencia que tenemos y cada segundo que pase nos hacemos más sabios, y estamos más preparados para los desastres.

Hay que saber dejar en la vía lo que nos pesa en los hombros para poder mantenernos en pie, mirar al frente y caminar.

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Hasta donde puedo saltar…

Todas las personas, a lo largo de su crecimiento personal, desarrollan aptitudes y habilidades que los diferenciaran del resto; podrán haber personas con nuestras mismas fortalezas y destrezas pero muy repartidas en el globo. Y al pensarlo, me gusta creer que las circunstancias que rodean al individuo hacen que la decisión sea tomada. Las épocas hacen que las decisiones que se tomen sean las adecuadas, siempre y cuando sean de corazón.

Y todo esto lo menciono porque muchas veces las personas se ahondan en la incertidumbre, en la eterna cuestión de ¿qué hare con mi vida?

Muchas veces la presión que nos ejercen hace que tomemos decisiones precipitadas y perdamos el tiempo haciendo cosas que de verdad no queremos hacer. La antipatía y el hastío de hoy día se debe a esto.

Nos enfocamos en cosas directas sin considerar la insatisfacción que nos produce el obtenerlas, porque siempre se piensa en la recompensa final y no en el camino que nos lleva a esta.

El vernos metidos en estas situaciones hace que poco a poco vayamos perdiendo el valor y nos empiece el miedo a hacer cosas nuevas que nos dejen satisfechos, por el temor a perder lo poco que hemos conseguido invirtiendo tanto tiempo. Nunca es malo intentar, lo que es malo es sentir miedo a lo que los otros puedan decir. No hay que temer al fracaso, siempre hay que lidiar con él ya que al final el aprendizaje nos viene de ahí.

Si logramos proyectar las cosas que tenemos dentro y estas a la larga nos funcionan, no queda de otra que disfrutar a plenitud el no verse atado a nada, ya que no sentimos presión ni malestar, ni la sensación de verse encadenado.

Al conocer nuestras habilidades sabremos hasta donde podemos llegar y a partir de allí hacer más solidas las bases que nos constituyen y de ahí proyectar hacia afuera las cosas que realmente queremos para nosotros mismos y para nuestro entorno, para evitar que se vuelva toxico, inestable.

Muchas veces la frustración llega porque no sabemos cómo resolver situaciones en las que nos vemos envueltos, porque nos metemos de lleno en el lugar equivocado. El sentimiento de culpa que podamos comenzar a sentir nos invadirá poco a poco hasta nuestras principales bases y desestabilizarnos, asumiendo actitudes negativas y atacando a quienes no tienen la culpa de lo que hacemos.

Conocernos más es fundamental, creo que ya lo he dicho antes; al saber que somos y que queremos nos facilita el buscar el apoyo correcto, las fuentes correctas y las decisiones más acertadas para no quedarnos varados en medio del camino. Siempre da un poco de miedo mirar y ordenar el interior, pero vale la intentarlo.

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