Epidemia de corazones de piedra

Hoy en día la información a la que estamos expuestos es demasiada; demasiados  volúmenes de contenido, demasiadas fuentes, demasiados lugares en donde recibirla, en fin, no podemos escapar de ella. Tanta información apenas nos permite sentarnos a digerir un material y enfrentarnos a otro, porque el bombardeo es constante, y no es que sea en contra de nuestra voluntad, nos acostumbramos al ritmo súper veloz de hoy día y tenemos la necesidad de saciarla, buscando más y más. Nos volcamos en redes sociales, periódicos digitales, estamos en la calle mirando el celular para no sentirnos perdidos y mantenernos al ritmo de la actualidad.

Y mientras todo esto pasa, apenas tenemos tiempo de sentarnos a pensar en nuestras emociones, en nuestros problemas, en las relaciones humanas que tenemos que cuidar y que dejamos de lado sin querer. No tenemos culpa de eso, simplemente es como un estatus que hay que mantener para que no nos dejen de lado.

Es bastante común ver en la calle como todos están a la defensiva, mirando al otro con recelo, con mala cara porque van apretujados en el metro, escondiéndote de que puedan estarte siguiendo y un sinfín de cosas, estamos actuando como seres sin razonamiento, valiéndose de instintos primitivos para llegar a casa/escuela/oficina a sentarse a drenar y a conectarse con “la actualidad”.

No pretendo señalar, pero es algo que ocurre demasiado a menudo. Ya no hay esa fraternidad entre habitantes con la que podías contar, se ha desvanecido con tanto trajín y tanto correr a ninguna parte. Hoy día se aprovechan de los pocos que no tienen problema en ayudar a otros inventándose problemas para causar lastima, y la lástima es la única barrera que hace que otros se muevan, en el fondo porque saben que hay quien la está pasando peor que tu.

Todos miran al de al lado, desde que hora sale hasta que hora llega, con quien sale, como se viste, que hacen, que no hacen, etc.; pero nadie se preocupa por sus propios dilemas diarios. Eso que llamaban sentido común definitivamente se borro de las cabezas del resto, actuar para no ahogarse sin mirar a quien hundes más, no pensar mas allá del límite de las acciones, responder instintivamente a los estímulos, ese es el día a día.

El mutismo y la indiferencia son el emblema de esta desmoronada y agujereada sociedad, nadie se preocupa por nadie, excepto por los pocos que tienen al lado, nadie se da cuenta que de pocos en pocos se construye algo mas grande, y que al fallar una pequeña pieza la máquina funciona mal.

Nos hemos vueltos insensibles en un mundo que se ha vuelto insensible, el escudo que hay detrás de las redes y los dispositivos nos hacen creer que nos interesamos por causas que no mueven nada, solo crean la ilusión de la satisfacción y de que estamos realmente moviéndonos por algo/alguien que no vemos/conocemos. Si pudiéramos apagar por diez segundos la histeria y ver en macro todo lo que hay mas allá de nuestras narices quizás podamos mirar la cara a la realidad que tenemos alrededor  y no la que se mueve a través de la fibra óptica…

VMIW

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Imagen: Google
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