Cuando se nos olvida como pisar…

Muchas veces la verdad nos toca la punta de la nariz, pero la ignoramos. El apego a las cosas que conocemos hace que muchas veces no queramos contemplar la realidad de las cosas, por más obvias que sean. La inexperiencia ayuda bastante en esto último.

Conozco a alguien que vive dándole nuevas oportunidades a personas que no las aprovechan nunca, solo por el simple hecho del apego al pasado, no dejar pasar las cosas, no soltar las cadenas a las que nos atamos voluntariamente.  El negarse a soltar el pasado impide que voltees a ver lo que hay en el presente, de cara al futuro. Muchas vemos damos oportunidades a otros de corregir, pero no nos damos oportunidades a nosotros mismos para sentir nuevas cosas.

La zona de confort, si bien la necesitamos, no debemos “casarnos” con ella, puesto que el acostumbrarse es fatal. La pereza y el constante “estoy bien, no me falta nada” nos reducen las fuerzas al nivel de seguir manteniendo el estatus actual, sin cambios, todo del mismo tono gris.

A veces necesitamos un impulso externo que nos permita avanzar y probar terreno nuevo, pero no siempre tenemos a alguien que nos lo procure. Tenemos que darnos nosotros mismos ese impulso. El inconveniente es que muchas veces no sabemos por dónde empezar a movernos, y al fallar, derribamos lo construido y quedándonos mirando los escombros.

Leí en un artículo científico que hay dos tipos de personas, las emocionales, y las racionales. Las primeras al basar su accionar a la pasión del momento darán todo por triunfar, sin prever los fallos y el margen de error que puedan tener, terminan perjudicándose por dentro y escondiendo sus emociones poco a poco,. Adormeciéndolas y buscando lo seguro, lo que se sabe que no hará daño.

Por el otro lado los racionales analizan todo desde todos los puntos de vista posibles, midiendo y calculando los posibles fallos, y como en todas las cosas siempre hay la posibilidad del fracaso, se cierran a iniciar un nuevo movimiento, quedándose en la misma posición un buen tiempo. Personalmente me identifico con este último caso.

Como a la larga todas las decisiones que tomamos repercutan en nuestro estado de ánimo, decidí lanzarme a la aventura, al pensar en lo inmediato sin miedo al fracaso o al dolor; eventualmente todos nos caemos, pero el aprendizaje queda y podemos mejorar las estrategias para no volver a fallar. Suena  bastante simple, y la verdad es que lo es, el atreverse a hacer cosas, a cambiar el orden siempre traerá resultados. De ti depende si quieres ponerle un signo positivo o uno negativo…

Por más confiados que estemos, la incertidumbre de las cosas siempre será aterradora, y como se nos enseña a temerle a las cosas que nos asustan, las hacemos a un lado y fingimos que no ha pasado nada. Hay que contar siempre con la presencia del enemigo, ese que hará que fallemos y que vivamos con miedo.

No hay que avergonzarse por las decisiones tomadas, o por no tener experiencia, o por no tener las herramientas para salir de un apuro, el aprendizaje es lo vital y debemos contemplar en todos los escenarios cuanto nos dejan aprender las situaciones para no volvernos a caer. Después de todo el tiempo se hace lento para que apreciemos mejor las cosas nuevas. ¡Aprovechémoslo!

VMIW

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Imagen:Google
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