Dejar pasar

Es una norma humana el sentir apego a las cosas. No podemos escapar de ello ya que necesitamos de que aferrarnos para impulsarnos y avanzar. Sin embargo no siempre tenemos una base solida a la cual agarrarnos y podemos caernos, retroceder, etc.

Las caídas duelen sin duda y muchas veces cuando no ponemos atención en el camino en el que andamos, una vez en el suelo estamos desatendidos y en shock tratando de comprender que paso, y por que duele tanto.

No podemos evitar esto, no creo que haya alguien en el mundo que haya tenido siempre en su vida el viento a favor. Todas las experiencias vienen disfrazadas de azar y cuando de lejos vemos como algo bueno, bien de cerca no es así. Siempre habrá momentos de dificultad en los que nos veremos entre la espada y la pared, sin saber qué hacer y cómo salir de ese callejón.

No podemos culparnos por el no saber qué hacer, nadie nace aprendido, y por más consejos que escuchemos, nunca aplicaran directamente a lo que vivimos.

La confianza es importante; al contar con algo o alguien que estará allí para apoyarnos y ayudarnos podemos avanzar un poco más sin riesgo de mirar hacia atrás. Pero más importante aún es la confianza en uno mismo, puesto que si las cosas llegan a fallar y nos dejan colgados en algún lugar podemos reorganizarnos y comenzar a movernos.

El apego lo sentimos gracias a la sensación de bienestar y comodidad que nos brinda algo o alguien, y nos quedamos allí estacionados porque estamos satisfechos, no necesitamos de más nada, y cuando por equis razón nos remueven el piso, quedamos mirando hacia los lados pensando en lo que salió mal, en que falló.

Si bien es cierto que en las relaciones humanas siempre hay deslices que pueden solucionarse limando asperezas y llegando a nuevos acuerdos, muchas veces es mejor emprender vuelo y marcharse lejos para comenzar de nuevo. El punto está en que la gran mayoría de las veces le tenemos miedo a las nuevas cosas y nos quedamos a disminuir nuestras virtudes a favor de reconstruir el pasado, para que todo sea como fue alguna vez.

Es muy difícil borrar las marcas que deja el tiempo, pero, con el tiempo, todo se va haciendo más fácil de remover; el pánico que nos ocasionan las perdidas nublan mucho la visión y el juicio, por lo que lo mejor es sentarse a organizar las piezas y rearmarlas de forma que podamos reconstruir nuevas bases para comenzar otra vez.

Aunque podamos rehacer nuestro camino no se quita de la memoria el sabor amargo de las caídas y las derrotas, pero a partir de estas es que tenemos que armarnos otra vez para empezar a escalar a la cima otra vez. Las marcas que nos quedan solo reflejan la experiencia que tenemos y cada segundo que pase nos hacemos más sabios, y estamos más preparados para los desastres.

Hay que saber dejar en la vía lo que nos pesa en los hombros para poder mantenernos en pie, mirar al frente y caminar.

VMIW

Let-Go

Imagen: Google
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