La predisposición al mal.

Me ocurre mucho que cuando trato de pensar en algo que quiero o cuando estoy a la espera de algo, mi cerebro siempre me conduce automáticamente al peor de los escenarios siempre. No sé si será igual con el resto de las personas, pero muchos conocidos también me dicen lo mismo, siempre pensamos en lo mal que podrían terminar las cosas a cada instante.

Cada vez que esperamos a algún conocido y se retrasa, automáticamente pensamos en que le ocurrió algo malo y que las cosas no van a terminar bien; es un poco chistoso, pero creo que hay que ponerle algo de atención a esa predisposición a pensar en negativo.

Ciertamente no podemos predecir las cosas, y claramente no tenemos la energía suficiente como para mantenernos optimistas el cien por ciento del día; pero tampoco tenemos que decaernos por lo que no sabemos qué ocurrirá.

Todas las personas sienten miedos y poco a poco estos temores van tomando forma de angustias y ansiedades y se van colando en nuestros deseos inmediatos y metas a largo plazo, tergiversando nuestras ideas y afectando nuestro estado de ánimo.

A veces esos temores nos crean películas en nuestras mentes, una tras otra, en las que las cosas toman giros inesperados y terminamos mal, y eso nos absorbe las ganas de hacer las cosas, desde entrevistas laborales a relaciones personales, haciendo que nos sintamos inseguros y temerosos.

Todos estos ejemplos puedo etiquetarlos como personales, ya que no puedo decir que soy la persona más confiada de todas, sin embargo he mejorado este detalle en mi actitud, ya que con el pasar del tiempo he aprendido que no todas las veces las nubes grises  terminan convirtiéndose en tempestades.

Cuando nos proponemos algo, queremos con todo lo que tenemos por dentro que se dé de buenas formas, sin embargo, muchas veces de nosotros no depende el curso de las cosas. Digo muchas veces porque en ocasiones nuestro empuje hace que haya cambios visibles.

Pero no siempre será así y no tenemos que temer por que las cosas acaben mal, solo hay que ser muy pacientes y saber esperar el desenlace, no perder la concentración y actuar con mucha inteligencia si los cambios no son favorables. El punto de manejar situaciones desfavorables es precisamente no perder la calma, no actuar por puro impulso.

El impacientarse también acelera el flujo de pensamientos y es casi imposible no pensar en tristes y oscuros desenlaces, son un reflejo de nuestras inseguridades.

Por eso para contrarrestar esto comencé a despreocuparme un poquito por el porvenir, ya que no hay manera de que se pueda ver con exactitud lo que viene del futuro hacia acá; no sin dejar de chequear por donde piso para no cometer fallos innecesarios, obviamente las cosas no siempre saldrán como queremos pero podemos idear varias opciones para no quedarnos varados en el medio del camino; hay que calmar los pensamientos y pensar en lo que verdaderamente tiene importancia, el resto caerá por su propio peso.

Quizás no podemos escapar de las sombras, pero podemos quedarnos en un rincón iluminado para ver las cosas pasar y tomar las decisiones más acertadas, además, las malas noticias viajan rápido así que si lo que te preocupa es la espera, aprende mejor a disfrutarla, las cosas buenas siempre tardan.

VMIW

light-in-the-dark

Imagen:Google
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