Cuando los hombros ya no pueden más.

En el mundo en el que estamos hoy en día, por la dinámica que este tiene actualmente, surge la necesidad en las personas de tener que dividirse y  estirar mas los brazos para tratar de abarcar todas las cosas que necesitan en el menor tiempo posible. Tenemos que estar pendiente de los pasos que damos todas las mañanas, así como mirar los que están a la par contigo, y los que caminan en contra también. Tener ojos en todas partes.

Y de ese gran menester de abarcar, aceptamos cargas que muchas veces no podemos soportar, pero que no las desdeñamos por la valiosa recompensa que esta nos puede otorgar.

Es muy cierto que para tener hay que sacrificar mucho, y hoy día mas, sin embargo hay cosas en las que nos enfrascamos por hacer bien y no nos dejan mucho, pudiendo ser mejores en algo más que pueda dejarnos más beneficios y satisfacciones.

Nos sumergimos de lleno en un mar de incompatibilidad y nos comprometemos con cosas que no nos hacen felices, no nos dejan aprendizaje, solo frustración y cansancio.

Es demasiado frecuento encontrar gente que no es feliz por el hecho de comprometerse cuando no quiere, no dicen lo que les molesta, no saben decir que no, o principalmente ponen el bienestar de otros por encima del de ellos mismos sin pensar en las consecuencias. También es frecuente ver que las personas no se deshacen de las cosas que los atan y los esclavizan, pierden el valor ante el temor de herir a otros y prefieren guardarse las cosas, soportando en silencio cruces muy pesadas.

De todo esto solo queda el espíritu roto y los hombros desechos, y al no comunicar las aflicciones que tenemos, nos vamos desmoralizando y perdiendo el ímpetu de salir airoso de las situaciones difíciles y aceptando con dolor los martillazos de la vida, sin hacer nada por revertir las cosas.

Debemos escucharnos más a nosotros mismos y hacer el sacrificio de sacar adelante nuestras aspiraciones, para dar lo mejor que tenemos  y aportar algo al bienestar de nosotros mismos y los que nos rodean. Si miramos las cosas desde una perspectiva neutra, podemos ver con claridad las cosas positivas y negativas de las cosas que tenemos  y cómo podemos cambiarlas; para darnos un respiro y continuar el avance.

Antes que nada, somos humanos que nacemos sin ataduras, y las cosas que escogemos debemos escogerlas de manera que nos permitan proyectar más nuestras esencias, no atarla y desmoronarla. El valor puede ganarse poco a poco, ganando pequeñas batallas que nos hagan ganar más terreno y poder enfrentarnos a las cosas sin titubear, con acción y determinación. Las cadenas que amarran a la esencia son las más fáciles de romper, solo hay que intentar forzarlas a quebrarse.

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Vicios

Cada día que pasa tratamos de corregir las cosas que nos van retrasando en nuestro andar, esos pequeños defectos que van oscureciendo nuestras esencias. Nos esforzamos por mejorar en la calle, en el trabajo, en el hogar, en el amor, en fin, en cualquier faceta de nuestras vidas.

Ponemos gran parte de nuestras energías en hacer que las cosas vayan lo mas “lisas” posibles, para que las cosas no dejen de fluir. Sin embargo, por más que nos empeñemos en mejorar, muchas veces; las más veces, nuestros esfuerzos pasan desapercibidos.

¿Por qué nunca notan nuestro empuje? ¿Por qué nunca ven las cosas buenas que damos?

Es una lástima que en mayoría de los casos, las personas den por sentado la capacidad y la disposición de alguien sin ver lo que cuestan esos resultados, personas que cuentan con las ganas de la persona sí o sí porque sí, porque no aceptan no como respuestas, porque no se les puede dejar colgados, porque creen que hacen más que tú, que dan más que tú, etc., etc., etc. No ven que los demás tienen valor.

Siempre he pensado que las personas son todas iguales, porque en efecto lo son, tanto en valores como en debilidades; todos pueden padecer de lo mismo, todos tienen las mismas capacidades y limitaciones que caben en el espectro de lo que nos constituye como seres humanos, todos tienen el mismo potencial para superarse y elevarse a nivel espiritual, etc. El tema está en que los que están “arriba” siempre lanzarán piedras y obstáculos a los de abajo, para que se mantengan las cosas como están. Las personas cuando prueban el poder y sus similares cometen locuras impensables, la avaricia y la ambición desmedidas dañan la propia esencia y daña las cosas a fuera, en el entorno del individuo; no miden las consecuencias de sus actos ya que el fin justifica los medios… y las consecuencias.

También es demasiado común ver como las personas solo saben de ti los errores que has cometido, los acentúan y los reprochan para sentirse “superiores” o “mejores” que tú. Las personas solo valoran las cosas que les permite subir, sin importar de quien provengan, sin importar el sudor de los demás. Muchas veces las personas enfocan mal sus energías, usándolas en como perjudicar a los demás en lugar de transformar las cosas a su alrededor para que haya más paz y tranquilidad.

Poder decir que motiva a los humanos a actuar de forma desconsiderada hacia otros y perjudicarlos, no podría especificarlo. Las personas se sienten realizadas haciendo que otros estén a su nivel derribándolos y llenándolos de mala vibra que tratar de superarse a sí mismos y alcanzar nuevos niveles, nunca ponen de su parte para mejorar, la pereza les adormece la voluntad y el deseo.

Parece que los humanos vienen instintivamente con el “querer más” de lo que tienen; si lo vemos de una perspectiva primitiva, valdría la pena tener más cosas para poder darle bienestar a los más cercanos y que dependen de un líder. Pero hoy día, con tantas distracciones y “lujos” solo queremos tener más para poder deleitarnos, complacer nuestros sentidos con todas las cosas que fabricamos y que explotan los sentidos de las mentes menos centradas. Solo pensamos en la comodidad porque el ser humano se acostumbró a sentirse así, a cada instante nos venden ideas que nos hacen sentir mas incómodos con lo que somos y tenemos y queremos desgastarnos para complacernos, sin darnos cuenta de todo lo que perdemos.

No puedo culpar a la gente por no darse cuenta de ello, la maquinaria se diseño para que los mensajes lleguen sin que puedan ser cuestionados, desde pequeños nos adormecen el sentido común y el cuestionar las cosas. No podemos culpar a nuestros padres, todos venimos por un cauce hecho a mano para garantizar que se mantenga una forma de pensar.

No condeno el hecho de que las personas tengan una ambición flameante de querer más y de superarse y de elevar su estatus, las personas son libres de elegir el camino que deseen; sin embargo es desdeñable el hecho de perjudicar a otros para cumplir sus objetivos. Aunque lamentablemente la influencia puede más que el sentir común, para mejorar las cosas es necesario que las cosas cambien desde dentro de uno mismo.

Cada persona es única y partiendo de esto cada cosa que es percibida es diferente en relación con el espectador; las cosas que haces o hiciste una vez con alguien no son sentidas igual en personas diferentes, lo que quiero decir es que lo que pasa por la mente y el corazón de alguien nunca será lo mismo aunque las circunstancias sean iguales, hay que darle el mismo valor a cada cosa por repetidas que parezcan, de otro modo solo veremos en los demás sombras viciadas y frías con un matiz de indiferencia y repulsión, son palabras fuertes, pero estoy seguro de que más de uno siente de esa manera a personas que buscan imponer su voluntad por encima de ellas.

Todos tenemos la facultad de ver los mismos colores, respirar el mismo aire y asombrarnos con las cosas únicas que este planeta tiene, por mas diferencias visibles que pueda haber, siempre compartiremos la misma esencia y esa puede ser la llave para comenzar a comprender mejor la lucha de los demás y apoyarnos unos a otros en lugar de pinchar el salvavidas ajeno. Como dice una canción:  “Love can be seen as the answer…”

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Cuando se nos olvida como pisar…

Muchas veces la verdad nos toca la punta de la nariz, pero la ignoramos. El apego a las cosas que conocemos hace que muchas veces no queramos contemplar la realidad de las cosas, por más obvias que sean. La inexperiencia ayuda bastante en esto último.

Conozco a alguien que vive dándole nuevas oportunidades a personas que no las aprovechan nunca, solo por el simple hecho del apego al pasado, no dejar pasar las cosas, no soltar las cadenas a las que nos atamos voluntariamente.  El negarse a soltar el pasado impide que voltees a ver lo que hay en el presente, de cara al futuro. Muchas vemos damos oportunidades a otros de corregir, pero no nos damos oportunidades a nosotros mismos para sentir nuevas cosas.

La zona de confort, si bien la necesitamos, no debemos “casarnos” con ella, puesto que el acostumbrarse es fatal. La pereza y el constante “estoy bien, no me falta nada” nos reducen las fuerzas al nivel de seguir manteniendo el estatus actual, sin cambios, todo del mismo tono gris.

A veces necesitamos un impulso externo que nos permita avanzar y probar terreno nuevo, pero no siempre tenemos a alguien que nos lo procure. Tenemos que darnos nosotros mismos ese impulso. El inconveniente es que muchas veces no sabemos por dónde empezar a movernos, y al fallar, derribamos lo construido y quedándonos mirando los escombros.

Leí en un artículo científico que hay dos tipos de personas, las emocionales, y las racionales. Las primeras al basar su accionar a la pasión del momento darán todo por triunfar, sin prever los fallos y el margen de error que puedan tener, terminan perjudicándose por dentro y escondiendo sus emociones poco a poco,. Adormeciéndolas y buscando lo seguro, lo que se sabe que no hará daño.

Por el otro lado los racionales analizan todo desde todos los puntos de vista posibles, midiendo y calculando los posibles fallos, y como en todas las cosas siempre hay la posibilidad del fracaso, se cierran a iniciar un nuevo movimiento, quedándose en la misma posición un buen tiempo. Personalmente me identifico con este último caso.

Como a la larga todas las decisiones que tomamos repercutan en nuestro estado de ánimo, decidí lanzarme a la aventura, al pensar en lo inmediato sin miedo al fracaso o al dolor; eventualmente todos nos caemos, pero el aprendizaje queda y podemos mejorar las estrategias para no volver a fallar. Suena  bastante simple, y la verdad es que lo es, el atreverse a hacer cosas, a cambiar el orden siempre traerá resultados. De ti depende si quieres ponerle un signo positivo o uno negativo…

Por más confiados que estemos, la incertidumbre de las cosas siempre será aterradora, y como se nos enseña a temerle a las cosas que nos asustan, las hacemos a un lado y fingimos que no ha pasado nada. Hay que contar siempre con la presencia del enemigo, ese que hará que fallemos y que vivamos con miedo.

No hay que avergonzarse por las decisiones tomadas, o por no tener experiencia, o por no tener las herramientas para salir de un apuro, el aprendizaje es lo vital y debemos contemplar en todos los escenarios cuanto nos dejan aprender las situaciones para no volvernos a caer. Después de todo el tiempo se hace lento para que apreciemos mejor las cosas nuevas. ¡Aprovechémoslo!

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El perdón a uno mismo

Nadie es perfecto, nada tampoco lo es. Nadie puede aspirar a que las personas sean pulcras en cualquiera que sea el cometido que se le imponga, ya que nadie nace con conocimiento. A cada momento estamos experimentando cosas que nos van llenando de sensaciones y de ideas nuevas, y a partir de allí reaccionamos a las cosas, experimentando cosas más nuevas todavía. Nuestra mente va acumulando experiencia a partir de estas situaciones. Pero llega un punto en el que no estamos preparados para resolver algo, o reaccionar ante una situación difícil, vamos y tratamos de solventar con lo que creemos conocer y nos estrellamos contra el muro. Nadie nace preparado…

“Errar es de humanos”, cuántas veces hemos escuchado esto antes, y es común que en algún punto de nuestras vidas nos equivoquemos en alguna decisión, alguna palabra, alguna acción. La perfección es una ilusión colectiva.

El reconocer los errores es lo más honesto que podemos hacer a la hora de seguir el camino, pero muchas veces el tomar una decisión no acertada nos puede quitar muchas cosas y a partir de esto tener un dolor y un resentimiento inimaginables. Cada acción dolorosa nos deja marcas pero las heridas sanan eventualmente y es menester seguir avanzando. Lo que se tiene que evitar a toda costa es el culto al dolor, castigarnos y lacerarnos cada vez que podamos para expiar una culpa por algún error cometido.

Nadie tiene la facultad de prever las cosas, menos el desenlace de un acontecimiento, por lo que auto-castigarse no tiene sentido. No podemos acusarnos de algo que no sabemos que está mal o que a largo plazo dañará.

Ante la ambigüedad de las emociones y de los caminos a escoger, no podemos ser culpables de las cosas que escogemos mal, a no ser que obviamente sepamos que están mal; los tropezones son necesarios para aprender la forma del camino, independientemente de la dirección. No tenemos por qué afincarnos sobre la herida para recordar los momentos malos, ni azotarnos por cada error cometido, levantémonos del suelo y sacudámonos el sucio de la ropa para poder avanzar con una sonrisa sobre el rostro.

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Epidemia de corazones de piedra

Hoy en día la información a la que estamos expuestos es demasiada; demasiados  volúmenes de contenido, demasiadas fuentes, demasiados lugares en donde recibirla, en fin, no podemos escapar de ella. Tanta información apenas nos permite sentarnos a digerir un material y enfrentarnos a otro, porque el bombardeo es constante, y no es que sea en contra de nuestra voluntad, nos acostumbramos al ritmo súper veloz de hoy día y tenemos la necesidad de saciarla, buscando más y más. Nos volcamos en redes sociales, periódicos digitales, estamos en la calle mirando el celular para no sentirnos perdidos y mantenernos al ritmo de la actualidad.

Y mientras todo esto pasa, apenas tenemos tiempo de sentarnos a pensar en nuestras emociones, en nuestros problemas, en las relaciones humanas que tenemos que cuidar y que dejamos de lado sin querer. No tenemos culpa de eso, simplemente es como un estatus que hay que mantener para que no nos dejen de lado.

Es bastante común ver en la calle como todos están a la defensiva, mirando al otro con recelo, con mala cara porque van apretujados en el metro, escondiéndote de que puedan estarte siguiendo y un sinfín de cosas, estamos actuando como seres sin razonamiento, valiéndose de instintos primitivos para llegar a casa/escuela/oficina a sentarse a drenar y a conectarse con “la actualidad”.

No pretendo señalar, pero es algo que ocurre demasiado a menudo. Ya no hay esa fraternidad entre habitantes con la que podías contar, se ha desvanecido con tanto trajín y tanto correr a ninguna parte. Hoy día se aprovechan de los pocos que no tienen problema en ayudar a otros inventándose problemas para causar lastima, y la lástima es la única barrera que hace que otros se muevan, en el fondo porque saben que hay quien la está pasando peor que tu.

Todos miran al de al lado, desde que hora sale hasta que hora llega, con quien sale, como se viste, que hacen, que no hacen, etc.; pero nadie se preocupa por sus propios dilemas diarios. Eso que llamaban sentido común definitivamente se borro de las cabezas del resto, actuar para no ahogarse sin mirar a quien hundes más, no pensar mas allá del límite de las acciones, responder instintivamente a los estímulos, ese es el día a día.

El mutismo y la indiferencia son el emblema de esta desmoronada y agujereada sociedad, nadie se preocupa por nadie, excepto por los pocos que tienen al lado, nadie se da cuenta que de pocos en pocos se construye algo mas grande, y que al fallar una pequeña pieza la máquina funciona mal.

Nos hemos vueltos insensibles en un mundo que se ha vuelto insensible, el escudo que hay detrás de las redes y los dispositivos nos hacen creer que nos interesamos por causas que no mueven nada, solo crean la ilusión de la satisfacción y de que estamos realmente moviéndonos por algo/alguien que no vemos/conocemos. Si pudiéramos apagar por diez segundos la histeria y ver en macro todo lo que hay mas allá de nuestras narices quizás podamos mirar la cara a la realidad que tenemos alrededor  y no la que se mueve a través de la fibra óptica…

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Cansado de estar cansado

Despertarse en contra de tu voluntad, mirarte al espejo y ver que aun sigues ahí, como lo dejaste la noche anterior, tratar de refrescar la sensación de “necesito seguir” con agua en la cara, correr contra las agujas del reloj, salir a contrarreloj para lograr metas que a nadie importan, tener una sonrisa lista para que parezca que las cosas marchan bien, mantenerla por nueve horas, sin quejarte, correr de nuevo para esconderte de las cruces que te ponen día a día, y repetir hasta que el cuerpo aguante.

A todos les pasa, a pocos les molesta. Y a los que si les importa, ¿qué? ¿Por qué tenemos que ocupar nuestra mente con cosas que no merecen la pena, que pueden ser desechadas como el tiempo se deshace de la hora que le ponemos cuando vemos el reloj?

Es demasiado triste ver que las personas que realmente quieren vivir sus sueños sean perseguidos a muerte para tratar de ser “normal”, tener metas estándar y seguir un camino prefabricado.

Lógicamente desde que somos pequeños somos ajustados día a día todos los días para que no podamos cuestionar el status quo, seguirlo y respetarlo. Cuando te das cuenta del error en el que estamos metidos, este error colectivo, es difícil dar marcha atrás, hay cosas que te encadenan a él y por eso se valen para amarrarte más y no dejarte escapar.

Para mí la vida no tiene un propósito propio en sí, pero ya estando aquí necesitamos vivir a plenitud, con la consciencia encaminada a ello, sin dejarse tragar por lo que este prediseñado. No tenemos la culpa de ello, pero creo que si somos culpables de la felicidad propia y atarse a cosas que nos secan por dentro sin al menos levantarse y ver qué hay del otro lado de la vía no tiene razón de ser.

Muchas personas necesitan entender que la sociedad está formada por individuos, y que cada individuo es diferente al otro en cuanto a sueños y esperanzas. ¿Qué debemos estar de acuerdo en los derechos que tenemos como humanos? Sí, porque necesitamos una base para comenzar a movernos. Estoy cansado de ver como algunos agotan sus fuerzas para estar encima de otras personas que ni se inmutan de los demás por tratar de hacerse un camino propio, aun verde y sin transitar.

Es demasiado loco no ver que para muchos, la gente solo representa valores, cifras, números, sin importar que condición tengas o que situaciones vives.

Estoy seguro que no soy el único que se siente así y que hay muchos tratando de revertir las cosas para tener una existencia más plena, a mi parecer como debe ser. Hay que dejar pasar ciertas cosas y hacerse de la vista gorda con otras para poder avanzar, los obstáculos siempre tomarán las formas más insospechadas, si estamos realmente claros de lo que queremos nunca sentiremos arrepentimientos en el futuro.

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Agua pasada no mueve molino

A lo largo de mi vida, he visto como muchas personas se martirizan por recuerdos que no dejan ir, que se les acumulan creando enemigos imaginarios. Personas que al perder se abren la herida cada vez que pueden para tener algo que recordar, en lugar de moverse de ahí y dejar pasar.

Es común que el ser humano sienta apego a las cosas que les producen bienestar, es algo que va mas allá de  la lógica que queramos darle, así funciona nuestro cerebro. Y aunque siempre estemos claros que en algún momento todo tiene que partir (sea lo que sea que quieras colocar aquí), siempre cuesta adaptarse.

Siempre tratamos de buscar la comodidad, ya sea con cosas, o con la compañía de otras personas; y al encontrarla, cesamos la búsqueda y disfrutamos de los logros obtenidos. Con las relaciones humanas hay un detalle; hay que mantenerlas sanas y estables. Al igual que las plantas, si las dejas de cuidar se mueren. Punto. No hay discusión. Y un error bastante común es ese, dejar las cosas por sentado, no seguir cultivando el interés en alguien. Las personas tienden a pensar que si ellos se sienten bien, los demás a su alrededor se sienten bien también y no es así. Las personas que necesitan apoyo salen a buscarlo en quienes confían, y cuando no lo obtienen por egoísmo o por descuido, irán a buscarlo donde se los den.

Es por esa razón que mantener la comunicación lo más clara posible es fundamental para cuidar a alguien.

Pero ese no es el punto que quería tratar, el tema está en que al perder cosas que dábamos por sentado comienza a llegar a la mente todas esas ocasiones donde se pudo llegar a ser “el héroe del día”, pero sin resultado alguno porque lo que paso ya paso.

Los recuerdos van y vienen porque según entiendo, nos traen al frente una necesidad de nuestro cuerpo que necesita ser satisfecha, y el deber ser es que si no puedo hacerlo de una forma, lo busco hacer de otra. Suena fácil, pero no es así. Las personas cuando se involucran crean vínculos fuertes, y cuando estos se arrancan queda la sensación del “miembro fantasma”; solo que en este caso queda la silueta de lo que perdemos.

Las personas cometemos errores, eso está bien sabido y es normal que en el proceso de aprendizaje estos ocurran, muchas veces son imperceptibles y pueden dejarse pasar, otras veces son garrafales y nos cuestan mucho. Y a pesar de que siempre debemos dedicar un periodo de duelo para afrontar la situación y recuperar las fuerzas para continuar, muchas veces avanzamos cojeando y pretendemos que las cosas marchan bien, cuando por dentro se está roto.

¿Y de quien depende el seguir roto? De uno mismo por supuesto. De hace algún tiempo para acá trato de repetirme a mí mismo que no hay que dar las cosas por hecho, porque absolutamente todo está en movimiento, nunca en reposo, y debemos movernos a la par también, para no perdernos en el pasado. Obviamente en el proceso hay que buscar las respuestas necesarias para poder continuar, de lo contrario creo que es esfuerzo inútil.

Las decisiones que tomamos muchas veces nos pueden costar esas respuestas, y aunque es posible hacerlas a un lado para seguir, nunca se estará bien del todo, el inconformismo viene de aquí.

Es duro afrontar la realidad de las cosas, que hay quienes optan por llenar el vacío con cosas que no benefician, otros que se lanzan a los brazos del claustro, otros que tratan de repetir un buen día, día tras día, para no tener que exponerse a la parte negativa de las cosas  y no buscan el llegar a la orilla; ponerse a salvo.

Las acciones generan reacciones, cosa obvia, y los errores generan acciones que no siempre son acertadas, pero son acciones al fin, y siempre habrá alguien que se beneficiara y otra que se hundirá, la energía va para todos lados. Si nos quedamos en un punto muerto a esperar que nos saquen de ahí seguiremos ahí para siempre.

Tampoco tenemos que culpar a los demás por hacer su esfuerzo para salir de los atascos, todos tratan de poner en orden sus cosas y tratar de continuar, todos ganan aprendizaje de las cosas y después de cierto tiempo, se gana claridad para reconocer cosas de vital importancia para uno mismo.

Lo importante aquí es no anclarse al abismo de las situaciones, dejarse llevar hacia la superficie, respirar aire nuevo, nuevas oportunidades, y tener más tranquilidad. Hay quienes por el temor al que dirán dejan de hacer cosas que dicta su corazón viviendo amargados por siempre, otros que simplemente se arrodillan ante el status quo y se dejan llevar sin sentir algo de verdad.

El atrevimiento es vital, el imponer la voluntad propia y doblegar las cosas para alcanzar objetivos es aun mas importante, quedarse a ver cómo te conviertes en polvo no suena a buena idea, el tiempo que tenemos aquí es corto y lo mejor es aprovecharlo, vivir cosas, sentir, amar de nuevo, darse la oportunidad de sentir el sol en tu cara y gozarlo, un día cuando menos lo esperes dejaras de hacerlo y no habrá oportunidades para repetirlo, el tiempo siempre será el ahora.

Como dice el refrán: agua pasada no mueve molino, dejemos que la corriente se lleve al olvido las cosas malas y disfrutemos todos los momentos que podamos, la vida es un ratico nada mas…

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