Reflexión

La predisposición al mal.

Me ocurre mucho que cuando trato de pensar en algo que quiero o cuando estoy a la espera de algo, mi cerebro siempre me conduce automáticamente al peor de los escenarios siempre. No sé si será igual con el resto de las personas, pero muchos conocidos también me dicen lo mismo, siempre pensamos en lo mal que podrían terminar las cosas a cada instante.

Cada vez que esperamos a algún conocido y se retrasa, automáticamente pensamos en que le ocurrió algo malo y que las cosas no van a terminar bien; es un poco chistoso, pero creo que hay que ponerle algo de atención a esa predisposición a pensar en negativo.

Ciertamente no podemos predecir las cosas, y claramente no tenemos la energía suficiente como para mantenernos optimistas el cien por ciento del día; pero tampoco tenemos que decaernos por lo que no sabemos qué ocurrirá.

Todas las personas sienten miedos y poco a poco estos temores van tomando forma de angustias y ansiedades y se van colando en nuestros deseos inmediatos y metas a largo plazo, tergiversando nuestras ideas y afectando nuestro estado de ánimo.

A veces esos temores nos crean películas en nuestras mentes, una tras otra, en las que las cosas toman giros inesperados y terminamos mal, y eso nos absorbe las ganas de hacer las cosas, desde entrevistas laborales a relaciones personales, haciendo que nos sintamos inseguros y temerosos.

Todos estos ejemplos puedo etiquetarlos como personales, ya que no puedo decir que soy la persona más confiada de todas, sin embargo he mejorado este detalle en mi actitud, ya que con el pasar del tiempo he aprendido que no todas las veces las nubes grises  terminan convirtiéndose en tempestades.

Cuando nos proponemos algo, queremos con todo lo que tenemos por dentro que se dé de buenas formas, sin embargo, muchas veces de nosotros no depende el curso de las cosas. Digo muchas veces porque en ocasiones nuestro empuje hace que haya cambios visibles.

Pero no siempre será así y no tenemos que temer por que las cosas acaben mal, solo hay que ser muy pacientes y saber esperar el desenlace, no perder la concentración y actuar con mucha inteligencia si los cambios no son favorables. El punto de manejar situaciones desfavorables es precisamente no perder la calma, no actuar por puro impulso.

El impacientarse también acelera el flujo de pensamientos y es casi imposible no pensar en tristes y oscuros desenlaces, son un reflejo de nuestras inseguridades.

Por eso para contrarrestar esto comencé a despreocuparme un poquito por el porvenir, ya que no hay manera de que se pueda ver con exactitud lo que viene del futuro hacia acá; no sin dejar de chequear por donde piso para no cometer fallos innecesarios, obviamente las cosas no siempre saldrán como queremos pero podemos idear varias opciones para no quedarnos varados en el medio del camino; hay que calmar los pensamientos y pensar en lo que verdaderamente tiene importancia, el resto caerá por su propio peso.

Quizás no podemos escapar de las sombras, pero podemos quedarnos en un rincón iluminado para ver las cosas pasar y tomar las decisiones más acertadas, además, las malas noticias viajan rápido así que si lo que te preocupa es la espera, aprende mejor a disfrutarla, las cosas buenas siempre tardan.

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Dejar pasar

Es una norma humana el sentir apego a las cosas. No podemos escapar de ello ya que necesitamos de que aferrarnos para impulsarnos y avanzar. Sin embargo no siempre tenemos una base solida a la cual agarrarnos y podemos caernos, retroceder, etc.

Las caídas duelen sin duda y muchas veces cuando no ponemos atención en el camino en el que andamos, una vez en el suelo estamos desatendidos y en shock tratando de comprender que paso, y por que duele tanto.

No podemos evitar esto, no creo que haya alguien en el mundo que haya tenido siempre en su vida el viento a favor. Todas las experiencias vienen disfrazadas de azar y cuando de lejos vemos como algo bueno, bien de cerca no es así. Siempre habrá momentos de dificultad en los que nos veremos entre la espada y la pared, sin saber qué hacer y cómo salir de ese callejón.

No podemos culparnos por el no saber qué hacer, nadie nace aprendido, y por más consejos que escuchemos, nunca aplicaran directamente a lo que vivimos.

La confianza es importante; al contar con algo o alguien que estará allí para apoyarnos y ayudarnos podemos avanzar un poco más sin riesgo de mirar hacia atrás. Pero más importante aún es la confianza en uno mismo, puesto que si las cosas llegan a fallar y nos dejan colgados en algún lugar podemos reorganizarnos y comenzar a movernos.

El apego lo sentimos gracias a la sensación de bienestar y comodidad que nos brinda algo o alguien, y nos quedamos allí estacionados porque estamos satisfechos, no necesitamos de más nada, y cuando por equis razón nos remueven el piso, quedamos mirando hacia los lados pensando en lo que salió mal, en que falló.

Si bien es cierto que en las relaciones humanas siempre hay deslices que pueden solucionarse limando asperezas y llegando a nuevos acuerdos, muchas veces es mejor emprender vuelo y marcharse lejos para comenzar de nuevo. El punto está en que la gran mayoría de las veces le tenemos miedo a las nuevas cosas y nos quedamos a disminuir nuestras virtudes a favor de reconstruir el pasado, para que todo sea como fue alguna vez.

Es muy difícil borrar las marcas que deja el tiempo, pero, con el tiempo, todo se va haciendo más fácil de remover; el pánico que nos ocasionan las perdidas nublan mucho la visión y el juicio, por lo que lo mejor es sentarse a organizar las piezas y rearmarlas de forma que podamos reconstruir nuevas bases para comenzar otra vez.

Aunque podamos rehacer nuestro camino no se quita de la memoria el sabor amargo de las caídas y las derrotas, pero a partir de estas es que tenemos que armarnos otra vez para empezar a escalar a la cima otra vez. Las marcas que nos quedan solo reflejan la experiencia que tenemos y cada segundo que pase nos hacemos más sabios, y estamos más preparados para los desastres.

Hay que saber dejar en la vía lo que nos pesa en los hombros para poder mantenernos en pie, mirar al frente y caminar.

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Hasta donde puedo saltar…

Todas las personas, a lo largo de su crecimiento personal, desarrollan aptitudes y habilidades que los diferenciaran del resto; podrán haber personas con nuestras mismas fortalezas y destrezas pero muy repartidas en el globo. Y al pensarlo, me gusta creer que las circunstancias que rodean al individuo hacen que la decisión sea tomada. Las épocas hacen que las decisiones que se tomen sean las adecuadas, siempre y cuando sean de corazón.

Y todo esto lo menciono porque muchas veces las personas se ahondan en la incertidumbre, en la eterna cuestión de ¿qué hare con mi vida?

Muchas veces la presión que nos ejercen hace que tomemos decisiones precipitadas y perdamos el tiempo haciendo cosas que de verdad no queremos hacer. La antipatía y el hastío de hoy día se debe a esto.

Nos enfocamos en cosas directas sin considerar la insatisfacción que nos produce el obtenerlas, porque siempre se piensa en la recompensa final y no en el camino que nos lleva a esta.

El vernos metidos en estas situaciones hace que poco a poco vayamos perdiendo el valor y nos empiece el miedo a hacer cosas nuevas que nos dejen satisfechos, por el temor a perder lo poco que hemos conseguido invirtiendo tanto tiempo. Nunca es malo intentar, lo que es malo es sentir miedo a lo que los otros puedan decir. No hay que temer al fracaso, siempre hay que lidiar con él ya que al final el aprendizaje nos viene de ahí.

Si logramos proyectar las cosas que tenemos dentro y estas a la larga nos funcionan, no queda de otra que disfrutar a plenitud el no verse atado a nada, ya que no sentimos presión ni malestar, ni la sensación de verse encadenado.

Al conocer nuestras habilidades sabremos hasta donde podemos llegar y a partir de allí hacer más solidas las bases que nos constituyen y de ahí proyectar hacia afuera las cosas que realmente queremos para nosotros mismos y para nuestro entorno, para evitar que se vuelva toxico, inestable.

Muchas veces la frustración llega porque no sabemos cómo resolver situaciones en las que nos vemos envueltos, porque nos metemos de lleno en el lugar equivocado. El sentimiento de culpa que podamos comenzar a sentir nos invadirá poco a poco hasta nuestras principales bases y desestabilizarnos, asumiendo actitudes negativas y atacando a quienes no tienen la culpa de lo que hacemos.

Conocernos más es fundamental, creo que ya lo he dicho antes; al saber que somos y que queremos nos facilita el buscar el apoyo correcto, las fuentes correctas y las decisiones más acertadas para no quedarnos varados en medio del camino. Siempre da un poco de miedo mirar y ordenar el interior, pero vale la intentarlo.

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Mirando el plato ajeno.

Todos los días ocurren cosas que hacen que nos tropecemos, es imposible conseguir el camino despejado de obstáculos. Y muchas veces esos obstáculos tienen forma humana. Las personas se enfocan en las demás para limitar el ascenso, el avance, porque se sienten incapaces de subir por sí mismas. Es muy común ver que desde pequeños algunos padres eduquen dando ejemplos de cómo fulanito tiene mejor nota porque estudio más, o zutanito quedo campeón de algún deporte X porque se dedicaba más, etc., y a la larga se crea la necesidad de ver que hacen los demás para después mejorarlo y tratar de superarlo. Allí es donde empieza a gestarse el embrión de la envidia y la competividad extrema.

Muchos ven como una virtud el ser competitivo, no sé en qué se basan, las personas no entienden que no todos podemos tener los mismos limites para tareas y actividades diversas, por ejemplo yo puedo jugar al futbol y puedo ser bueno, pero siempre habrá alguien más rápido y con mas reflejos; no es mi culpa tener sus niveles, tampoco es su culpa tener más habilidad. Es algo con lo que se nace y ya.

También me ha tocado escuchar que la envidia sana no es mala, la envidia es envidia y punto. El hacer de estos estados emocionales algo cotidiano fomenta a que haya rivalidades sin sentido, peleas absurdas y amarguras innecesarias.

Muchas veces nos sentimos inferiores al resto porque nos empeñamos en abrazar los defectos que tenemos y apegarnos a ellos de tal manera, que a simple vista un extraño puede leerlos en tu cara. Arraigarnos a estos para dar lastima también es un error, es abrazar a la piedra que nos hunde y que nos impide salir a la superficie.

Las personas necesitan aprender a dejar pasar las cosas y a encontrarse a sí mismas, encontrar las virtudes que las definen y armarse con ellas para combatir los defectos que pueden perjudicar su bienestar interno.

Cuando las personas se aferran a una idea que causa dolor o irritación, suelen decir cosas sin fundamento solo para acentuar su posición y hundirse más en sus problemas. Aunque sea difícil lidiar con este tipo de situaciones lo mejor que podemos hacer es dejar pasar, ya que es demasiado común que las personas proyecten sus penas y sus defectos en los otros para así librarse un poco de la culpa que es tener que cargar con esas pesadas  piedras y no esforzarse por la manera de hacer algo por corregir las cosas.

Nadie nace con la autoestima elevada, es algo que nos venden para que siempre estemos conformes, a pesar de que debemos estar en paz y agradecidos con las cosas que se tienen nunca está de más el querer elevar y proyectar mucho más las cosas buenas que tenemos y que podemos dar, para tratar de brindar a nuestro entorno esa paz que tenemos dentro y que de seguro puede transformar las cosas afuera. Si tenemos paz interna, las cosas a nuestro alrededor florecen para adornarnos el camino y no decaer jamás.

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Nubes de plomo.

¿En que se basa la esperanza? Esperamos fielmente en nuestras casas, viendo el noticiero de las 10:00 pm que den alguna buena noticia, y nada. Solo vemos como le ponen tremendos acentos a las cosas que ya tenemos montadas en la cabeza, y que nos nublan la visión, nos impiden ver las piedras que tenemos que saltar para cruzar el camino.

Todas las noches, miramos hacia el cielo, buscando algo de claridad, pero el cielo está nublado, un gris plomo que no termina de caer y limpiar el sucio que nos mancha los pantalones y los sueños.

Algunos se van por el camino fácil y huyen de la realidad, cosa que a la larga te deja respirar un par de minutos pero luego te alcanza y te pega más fuerte, a pesar de que el sol siempre brilla las nubes no dejan sentir el calor.

Los que deciden pelear resisten, pero por cuánto tiempo. La cara de la incertidumbre se pinta de colores y nos menciona a cada instante, nos pega en las rodillas y nos hace caer, nos levantamos y vuelta a empezar.

Unos se quedan callados, porque el error les resuena en la cabeza a cada instante, y el orgullo les hace invertir las palabras para mantener el temple, aunque se sabe que nadie resiste por mucho tiempo. Y los que se van para siempre son bien recibidos en el paraíso, un lodazal de sueños rotos y horas de sueño a medias.

A las personas dejo de importarles lo que les pase a las personas, el espíritu de lucha de la gente se esfumo poco a poco y se convirtió en el vaho de la desesperanza, palabras efímeras que se van borrando conforme pasa el tiempo eliminando su rastro.

Ya no queda más que hacer que esperar que el agua se derrame y comience la inundación, que la tierra tome de nuevo todo lo que se le ha quitado a la fuerza y se lo lleve adentro, que renazca el verde otra vez.

Vivimos navegando en un mar de errores que nadie quiere aceptar, que nadie quiere enmendar y que nadie quiere acabar, el dolor en un cierto punto es aceptable para muchos y prefieren vivir las penurias porque creen que hay un dios que meterá las manos por ellos en el fuego. Los caminos se quedan cortos ante la oscuridad que hay en frente y nadie se atreve a iluminar por miedo a que hay más adelante. El temor es un escudo de aire que solo facilita el que te vean los depredadores.

Los héroes no nacen con marcas que los encaminan desde que llegan al mundo, ni las personas tienen quien les de una misión para salvar la humanidad del desastre; el poder para hacer frente a la adversidad viene desde el fondo del ser, y si se proyecta al exterior puede empezar a despertar en otros hasta convertirse en algo más fuerte, que haga temblar la tierra. Necesitamos un sacudón que nos saque del letargo, que nos devuelva la rabia y el deseo de acabar con quienes imponen su voluntad y amordazan la nuestra. No podemos olvidar que todos somos iguales y que todos tenemos las mismas fortalezas que otros. Nadie esta bendecido con ninguna cruz especial, nadie es invencible. El espíritu que desea la liberación solo tiene que liberarse a sí mismo. Nosotros mismos ponemos el límite.

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Cuando los hombros ya no pueden más.

En el mundo en el que estamos hoy en día, por la dinámica que este tiene actualmente, surge la necesidad en las personas de tener que dividirse y  estirar mas los brazos para tratar de abarcar todas las cosas que necesitan en el menor tiempo posible. Tenemos que estar pendiente de los pasos que damos todas las mañanas, así como mirar los que están a la par contigo, y los que caminan en contra también. Tener ojos en todas partes.

Y de ese gran menester de abarcar, aceptamos cargas que muchas veces no podemos soportar, pero que no las desdeñamos por la valiosa recompensa que esta nos puede otorgar.

Es muy cierto que para tener hay que sacrificar mucho, y hoy día mas, sin embargo hay cosas en las que nos enfrascamos por hacer bien y no nos dejan mucho, pudiendo ser mejores en algo más que pueda dejarnos más beneficios y satisfacciones.

Nos sumergimos de lleno en un mar de incompatibilidad y nos comprometemos con cosas que no nos hacen felices, no nos dejan aprendizaje, solo frustración y cansancio.

Es demasiado frecuento encontrar gente que no es feliz por el hecho de comprometerse cuando no quiere, no dicen lo que les molesta, no saben decir que no, o principalmente ponen el bienestar de otros por encima del de ellos mismos sin pensar en las consecuencias. También es frecuente ver que las personas no se deshacen de las cosas que los atan y los esclavizan, pierden el valor ante el temor de herir a otros y prefieren guardarse las cosas, soportando en silencio cruces muy pesadas.

De todo esto solo queda el espíritu roto y los hombros desechos, y al no comunicar las aflicciones que tenemos, nos vamos desmoralizando y perdiendo el ímpetu de salir airoso de las situaciones difíciles y aceptando con dolor los martillazos de la vida, sin hacer nada por revertir las cosas.

Debemos escucharnos más a nosotros mismos y hacer el sacrificio de sacar adelante nuestras aspiraciones, para dar lo mejor que tenemos  y aportar algo al bienestar de nosotros mismos y los que nos rodean. Si miramos las cosas desde una perspectiva neutra, podemos ver con claridad las cosas positivas y negativas de las cosas que tenemos  y cómo podemos cambiarlas; para darnos un respiro y continuar el avance.

Antes que nada, somos humanos que nacemos sin ataduras, y las cosas que escogemos debemos escogerlas de manera que nos permitan proyectar más nuestras esencias, no atarla y desmoronarla. El valor puede ganarse poco a poco, ganando pequeñas batallas que nos hagan ganar más terreno y poder enfrentarnos a las cosas sin titubear, con acción y determinación. Las cadenas que amarran a la esencia son las más fáciles de romper, solo hay que intentar forzarlas a quebrarse.

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Vicios

Cada día que pasa tratamos de corregir las cosas que nos van retrasando en nuestro andar, esos pequeños defectos que van oscureciendo nuestras esencias. Nos esforzamos por mejorar en la calle, en el trabajo, en el hogar, en el amor, en fin, en cualquier faceta de nuestras vidas.

Ponemos gran parte de nuestras energías en hacer que las cosas vayan lo mas “lisas” posibles, para que las cosas no dejen de fluir. Sin embargo, por más que nos empeñemos en mejorar, muchas veces; las más veces, nuestros esfuerzos pasan desapercibidos.

¿Por qué nunca notan nuestro empuje? ¿Por qué nunca ven las cosas buenas que damos?

Es una lástima que en mayoría de los casos, las personas den por sentado la capacidad y la disposición de alguien sin ver lo que cuestan esos resultados, personas que cuentan con las ganas de la persona sí o sí porque sí, porque no aceptan no como respuestas, porque no se les puede dejar colgados, porque creen que hacen más que tú, que dan más que tú, etc., etc., etc. No ven que los demás tienen valor.

Siempre he pensado que las personas son todas iguales, porque en efecto lo son, tanto en valores como en debilidades; todos pueden padecer de lo mismo, todos tienen las mismas capacidades y limitaciones que caben en el espectro de lo que nos constituye como seres humanos, todos tienen el mismo potencial para superarse y elevarse a nivel espiritual, etc. El tema está en que los que están “arriba” siempre lanzarán piedras y obstáculos a los de abajo, para que se mantengan las cosas como están. Las personas cuando prueban el poder y sus similares cometen locuras impensables, la avaricia y la ambición desmedidas dañan la propia esencia y daña las cosas a fuera, en el entorno del individuo; no miden las consecuencias de sus actos ya que el fin justifica los medios… y las consecuencias.

También es demasiado común ver como las personas solo saben de ti los errores que has cometido, los acentúan y los reprochan para sentirse “superiores” o “mejores” que tú. Las personas solo valoran las cosas que les permite subir, sin importar de quien provengan, sin importar el sudor de los demás. Muchas veces las personas enfocan mal sus energías, usándolas en como perjudicar a los demás en lugar de transformar las cosas a su alrededor para que haya más paz y tranquilidad.

Poder decir que motiva a los humanos a actuar de forma desconsiderada hacia otros y perjudicarlos, no podría especificarlo. Las personas se sienten realizadas haciendo que otros estén a su nivel derribándolos y llenándolos de mala vibra que tratar de superarse a sí mismos y alcanzar nuevos niveles, nunca ponen de su parte para mejorar, la pereza les adormece la voluntad y el deseo.

Parece que los humanos vienen instintivamente con el “querer más” de lo que tienen; si lo vemos de una perspectiva primitiva, valdría la pena tener más cosas para poder darle bienestar a los más cercanos y que dependen de un líder. Pero hoy día, con tantas distracciones y “lujos” solo queremos tener más para poder deleitarnos, complacer nuestros sentidos con todas las cosas que fabricamos y que explotan los sentidos de las mentes menos centradas. Solo pensamos en la comodidad porque el ser humano se acostumbró a sentirse así, a cada instante nos venden ideas que nos hacen sentir mas incómodos con lo que somos y tenemos y queremos desgastarnos para complacernos, sin darnos cuenta de todo lo que perdemos.

No puedo culpar a la gente por no darse cuenta de ello, la maquinaria se diseño para que los mensajes lleguen sin que puedan ser cuestionados, desde pequeños nos adormecen el sentido común y el cuestionar las cosas. No podemos culpar a nuestros padres, todos venimos por un cauce hecho a mano para garantizar que se mantenga una forma de pensar.

No condeno el hecho de que las personas tengan una ambición flameante de querer más y de superarse y de elevar su estatus, las personas son libres de elegir el camino que deseen; sin embargo es desdeñable el hecho de perjudicar a otros para cumplir sus objetivos. Aunque lamentablemente la influencia puede más que el sentir común, para mejorar las cosas es necesario que las cosas cambien desde dentro de uno mismo.

Cada persona es única y partiendo de esto cada cosa que es percibida es diferente en relación con el espectador; las cosas que haces o hiciste una vez con alguien no son sentidas igual en personas diferentes, lo que quiero decir es que lo que pasa por la mente y el corazón de alguien nunca será lo mismo aunque las circunstancias sean iguales, hay que darle el mismo valor a cada cosa por repetidas que parezcan, de otro modo solo veremos en los demás sombras viciadas y frías con un matiz de indiferencia y repulsión, son palabras fuertes, pero estoy seguro de que más de uno siente de esa manera a personas que buscan imponer su voluntad por encima de ellas.

Todos tenemos la facultad de ver los mismos colores, respirar el mismo aire y asombrarnos con las cosas únicas que este planeta tiene, por mas diferencias visibles que pueda haber, siempre compartiremos la misma esencia y esa puede ser la llave para comenzar a comprender mejor la lucha de los demás y apoyarnos unos a otros en lugar de pinchar el salvavidas ajeno. Como dice una canción:  “Love can be seen as the answer…”

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El perdón a uno mismo

Nadie es perfecto, nada tampoco lo es. Nadie puede aspirar a que las personas sean pulcras en cualquiera que sea el cometido que se le imponga, ya que nadie nace con conocimiento. A cada momento estamos experimentando cosas que nos van llenando de sensaciones y de ideas nuevas, y a partir de allí reaccionamos a las cosas, experimentando cosas más nuevas todavía. Nuestra mente va acumulando experiencia a partir de estas situaciones. Pero llega un punto en el que no estamos preparados para resolver algo, o reaccionar ante una situación difícil, vamos y tratamos de solventar con lo que creemos conocer y nos estrellamos contra el muro. Nadie nace preparado…

“Errar es de humanos”, cuántas veces hemos escuchado esto antes, y es común que en algún punto de nuestras vidas nos equivoquemos en alguna decisión, alguna palabra, alguna acción. La perfección es una ilusión colectiva.

El reconocer los errores es lo más honesto que podemos hacer a la hora de seguir el camino, pero muchas veces el tomar una decisión no acertada nos puede quitar muchas cosas y a partir de esto tener un dolor y un resentimiento inimaginables. Cada acción dolorosa nos deja marcas pero las heridas sanan eventualmente y es menester seguir avanzando. Lo que se tiene que evitar a toda costa es el culto al dolor, castigarnos y lacerarnos cada vez que podamos para expiar una culpa por algún error cometido.

Nadie tiene la facultad de prever las cosas, menos el desenlace de un acontecimiento, por lo que auto-castigarse no tiene sentido. No podemos acusarnos de algo que no sabemos que está mal o que a largo plazo dañará.

Ante la ambigüedad de las emociones y de los caminos a escoger, no podemos ser culpables de las cosas que escogemos mal, a no ser que obviamente sepamos que están mal; los tropezones son necesarios para aprender la forma del camino, independientemente de la dirección. No tenemos por qué afincarnos sobre la herida para recordar los momentos malos, ni azotarnos por cada error cometido, levantémonos del suelo y sacudámonos el sucio de la ropa para poder avanzar con una sonrisa sobre el rostro.

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Cansado de estar cansado

Despertarse en contra de tu voluntad, mirarte al espejo y ver que aun sigues ahí, como lo dejaste la noche anterior, tratar de refrescar la sensación de “necesito seguir” con agua en la cara, correr contra las agujas del reloj, salir a contrarreloj para lograr metas que a nadie importan, tener una sonrisa lista para que parezca que las cosas marchan bien, mantenerla por nueve horas, sin quejarte, correr de nuevo para esconderte de las cruces que te ponen día a día, y repetir hasta que el cuerpo aguante.

A todos les pasa, a pocos les molesta. Y a los que si les importa, ¿qué? ¿Por qué tenemos que ocupar nuestra mente con cosas que no merecen la pena, que pueden ser desechadas como el tiempo se deshace de la hora que le ponemos cuando vemos el reloj?

Es demasiado triste ver que las personas que realmente quieren vivir sus sueños sean perseguidos a muerte para tratar de ser “normal”, tener metas estándar y seguir un camino prefabricado.

Lógicamente desde que somos pequeños somos ajustados día a día todos los días para que no podamos cuestionar el status quo, seguirlo y respetarlo. Cuando te das cuenta del error en el que estamos metidos, este error colectivo, es difícil dar marcha atrás, hay cosas que te encadenan a él y por eso se valen para amarrarte más y no dejarte escapar.

Para mí la vida no tiene un propósito propio en sí, pero ya estando aquí necesitamos vivir a plenitud, con la consciencia encaminada a ello, sin dejarse tragar por lo que este prediseñado. No tenemos la culpa de ello, pero creo que si somos culpables de la felicidad propia y atarse a cosas que nos secan por dentro sin al menos levantarse y ver qué hay del otro lado de la vía no tiene razón de ser.

Muchas personas necesitan entender que la sociedad está formada por individuos, y que cada individuo es diferente al otro en cuanto a sueños y esperanzas. ¿Qué debemos estar de acuerdo en los derechos que tenemos como humanos? Sí, porque necesitamos una base para comenzar a movernos. Estoy cansado de ver como algunos agotan sus fuerzas para estar encima de otras personas que ni se inmutan de los demás por tratar de hacerse un camino propio, aun verde y sin transitar.

Es demasiado loco no ver que para muchos, la gente solo representa valores, cifras, números, sin importar que condición tengas o que situaciones vives.

Estoy seguro que no soy el único que se siente así y que hay muchos tratando de revertir las cosas para tener una existencia más plena, a mi parecer como debe ser. Hay que dejar pasar ciertas cosas y hacerse de la vista gorda con otras para poder avanzar, los obstáculos siempre tomarán las formas más insospechadas, si estamos realmente claros de lo que queremos nunca sentiremos arrepentimientos en el futuro.

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Agua pasada no mueve molino

A lo largo de mi vida, he visto como muchas personas se martirizan por recuerdos que no dejan ir, que se les acumulan creando enemigos imaginarios. Personas que al perder se abren la herida cada vez que pueden para tener algo que recordar, en lugar de moverse de ahí y dejar pasar.

Es común que el ser humano sienta apego a las cosas que les producen bienestar, es algo que va mas allá de  la lógica que queramos darle, así funciona nuestro cerebro. Y aunque siempre estemos claros que en algún momento todo tiene que partir (sea lo que sea que quieras colocar aquí), siempre cuesta adaptarse.

Siempre tratamos de buscar la comodidad, ya sea con cosas, o con la compañía de otras personas; y al encontrarla, cesamos la búsqueda y disfrutamos de los logros obtenidos. Con las relaciones humanas hay un detalle; hay que mantenerlas sanas y estables. Al igual que las plantas, si las dejas de cuidar se mueren. Punto. No hay discusión. Y un error bastante común es ese, dejar las cosas por sentado, no seguir cultivando el interés en alguien. Las personas tienden a pensar que si ellos se sienten bien, los demás a su alrededor se sienten bien también y no es así. Las personas que necesitan apoyo salen a buscarlo en quienes confían, y cuando no lo obtienen por egoísmo o por descuido, irán a buscarlo donde se los den.

Es por esa razón que mantener la comunicación lo más clara posible es fundamental para cuidar a alguien.

Pero ese no es el punto que quería tratar, el tema está en que al perder cosas que dábamos por sentado comienza a llegar a la mente todas esas ocasiones donde se pudo llegar a ser “el héroe del día”, pero sin resultado alguno porque lo que paso ya paso.

Los recuerdos van y vienen porque según entiendo, nos traen al frente una necesidad de nuestro cuerpo que necesita ser satisfecha, y el deber ser es que si no puedo hacerlo de una forma, lo busco hacer de otra. Suena fácil, pero no es así. Las personas cuando se involucran crean vínculos fuertes, y cuando estos se arrancan queda la sensación del “miembro fantasma”; solo que en este caso queda la silueta de lo que perdemos.

Las personas cometemos errores, eso está bien sabido y es normal que en el proceso de aprendizaje estos ocurran, muchas veces son imperceptibles y pueden dejarse pasar, otras veces son garrafales y nos cuestan mucho. Y a pesar de que siempre debemos dedicar un periodo de duelo para afrontar la situación y recuperar las fuerzas para continuar, muchas veces avanzamos cojeando y pretendemos que las cosas marchan bien, cuando por dentro se está roto.

¿Y de quien depende el seguir roto? De uno mismo por supuesto. De hace algún tiempo para acá trato de repetirme a mí mismo que no hay que dar las cosas por hecho, porque absolutamente todo está en movimiento, nunca en reposo, y debemos movernos a la par también, para no perdernos en el pasado. Obviamente en el proceso hay que buscar las respuestas necesarias para poder continuar, de lo contrario creo que es esfuerzo inútil.

Las decisiones que tomamos muchas veces nos pueden costar esas respuestas, y aunque es posible hacerlas a un lado para seguir, nunca se estará bien del todo, el inconformismo viene de aquí.

Es duro afrontar la realidad de las cosas, que hay quienes optan por llenar el vacío con cosas que no benefician, otros que se lanzan a los brazos del claustro, otros que tratan de repetir un buen día, día tras día, para no tener que exponerse a la parte negativa de las cosas  y no buscan el llegar a la orilla; ponerse a salvo.

Las acciones generan reacciones, cosa obvia, y los errores generan acciones que no siempre son acertadas, pero son acciones al fin, y siempre habrá alguien que se beneficiara y otra que se hundirá, la energía va para todos lados. Si nos quedamos en un punto muerto a esperar que nos saquen de ahí seguiremos ahí para siempre.

Tampoco tenemos que culpar a los demás por hacer su esfuerzo para salir de los atascos, todos tratan de poner en orden sus cosas y tratar de continuar, todos ganan aprendizaje de las cosas y después de cierto tiempo, se gana claridad para reconocer cosas de vital importancia para uno mismo.

Lo importante aquí es no anclarse al abismo de las situaciones, dejarse llevar hacia la superficie, respirar aire nuevo, nuevas oportunidades, y tener más tranquilidad. Hay quienes por el temor al que dirán dejan de hacer cosas que dicta su corazón viviendo amargados por siempre, otros que simplemente se arrodillan ante el status quo y se dejan llevar sin sentir algo de verdad.

El atrevimiento es vital, el imponer la voluntad propia y doblegar las cosas para alcanzar objetivos es aun mas importante, quedarse a ver cómo te conviertes en polvo no suena a buena idea, el tiempo que tenemos aquí es corto y lo mejor es aprovecharlo, vivir cosas, sentir, amar de nuevo, darse la oportunidad de sentir el sol en tu cara y gozarlo, un día cuando menos lo esperes dejaras de hacerlo y no habrá oportunidades para repetirlo, el tiempo siempre será el ahora.

Como dice el refrán: agua pasada no mueve molino, dejemos que la corriente se lleve al olvido las cosas malas y disfrutemos todos los momentos que podamos, la vida es un ratico nada mas…

VMIW.

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