Vida

El perdón a uno mismo

Nadie es perfecto, nada tampoco lo es. Nadie puede aspirar a que las personas sean pulcras en cualquiera que sea el cometido que se le imponga, ya que nadie nace con conocimiento. A cada momento estamos experimentando cosas que nos van llenando de sensaciones y de ideas nuevas, y a partir de allí reaccionamos a las cosas, experimentando cosas más nuevas todavía. Nuestra mente va acumulando experiencia a partir de estas situaciones. Pero llega un punto en el que no estamos preparados para resolver algo, o reaccionar ante una situación difícil, vamos y tratamos de solventar con lo que creemos conocer y nos estrellamos contra el muro. Nadie nace preparado…

“Errar es de humanos”, cuántas veces hemos escuchado esto antes, y es común que en algún punto de nuestras vidas nos equivoquemos en alguna decisión, alguna palabra, alguna acción. La perfección es una ilusión colectiva.

El reconocer los errores es lo más honesto que podemos hacer a la hora de seguir el camino, pero muchas veces el tomar una decisión no acertada nos puede quitar muchas cosas y a partir de esto tener un dolor y un resentimiento inimaginables. Cada acción dolorosa nos deja marcas pero las heridas sanan eventualmente y es menester seguir avanzando. Lo que se tiene que evitar a toda costa es el culto al dolor, castigarnos y lacerarnos cada vez que podamos para expiar una culpa por algún error cometido.

Nadie tiene la facultad de prever las cosas, menos el desenlace de un acontecimiento, por lo que auto-castigarse no tiene sentido. No podemos acusarnos de algo que no sabemos que está mal o que a largo plazo dañará.

Ante la ambigüedad de las emociones y de los caminos a escoger, no podemos ser culpables de las cosas que escogemos mal, a no ser que obviamente sepamos que están mal; los tropezones son necesarios para aprender la forma del camino, independientemente de la dirección. No tenemos por qué afincarnos sobre la herida para recordar los momentos malos, ni azotarnos por cada error cometido, levantémonos del suelo y sacudámonos el sucio de la ropa para poder avanzar con una sonrisa sobre el rostro.

VMIW

Woman-Self-Love.png

Imagen: Google
Anuncios

Agua pasada no mueve molino

A lo largo de mi vida, he visto como muchas personas se martirizan por recuerdos que no dejan ir, que se les acumulan creando enemigos imaginarios. Personas que al perder se abren la herida cada vez que pueden para tener algo que recordar, en lugar de moverse de ahí y dejar pasar.

Es común que el ser humano sienta apego a las cosas que les producen bienestar, es algo que va mas allá de  la lógica que queramos darle, así funciona nuestro cerebro. Y aunque siempre estemos claros que en algún momento todo tiene que partir (sea lo que sea que quieras colocar aquí), siempre cuesta adaptarse.

Siempre tratamos de buscar la comodidad, ya sea con cosas, o con la compañía de otras personas; y al encontrarla, cesamos la búsqueda y disfrutamos de los logros obtenidos. Con las relaciones humanas hay un detalle; hay que mantenerlas sanas y estables. Al igual que las plantas, si las dejas de cuidar se mueren. Punto. No hay discusión. Y un error bastante común es ese, dejar las cosas por sentado, no seguir cultivando el interés en alguien. Las personas tienden a pensar que si ellos se sienten bien, los demás a su alrededor se sienten bien también y no es así. Las personas que necesitan apoyo salen a buscarlo en quienes confían, y cuando no lo obtienen por egoísmo o por descuido, irán a buscarlo donde se los den.

Es por esa razón que mantener la comunicación lo más clara posible es fundamental para cuidar a alguien.

Pero ese no es el punto que quería tratar, el tema está en que al perder cosas que dábamos por sentado comienza a llegar a la mente todas esas ocasiones donde se pudo llegar a ser “el héroe del día”, pero sin resultado alguno porque lo que paso ya paso.

Los recuerdos van y vienen porque según entiendo, nos traen al frente una necesidad de nuestro cuerpo que necesita ser satisfecha, y el deber ser es que si no puedo hacerlo de una forma, lo busco hacer de otra. Suena fácil, pero no es así. Las personas cuando se involucran crean vínculos fuertes, y cuando estos se arrancan queda la sensación del “miembro fantasma”; solo que en este caso queda la silueta de lo que perdemos.

Las personas cometemos errores, eso está bien sabido y es normal que en el proceso de aprendizaje estos ocurran, muchas veces son imperceptibles y pueden dejarse pasar, otras veces son garrafales y nos cuestan mucho. Y a pesar de que siempre debemos dedicar un periodo de duelo para afrontar la situación y recuperar las fuerzas para continuar, muchas veces avanzamos cojeando y pretendemos que las cosas marchan bien, cuando por dentro se está roto.

¿Y de quien depende el seguir roto? De uno mismo por supuesto. De hace algún tiempo para acá trato de repetirme a mí mismo que no hay que dar las cosas por hecho, porque absolutamente todo está en movimiento, nunca en reposo, y debemos movernos a la par también, para no perdernos en el pasado. Obviamente en el proceso hay que buscar las respuestas necesarias para poder continuar, de lo contrario creo que es esfuerzo inútil.

Las decisiones que tomamos muchas veces nos pueden costar esas respuestas, y aunque es posible hacerlas a un lado para seguir, nunca se estará bien del todo, el inconformismo viene de aquí.

Es duro afrontar la realidad de las cosas, que hay quienes optan por llenar el vacío con cosas que no benefician, otros que se lanzan a los brazos del claustro, otros que tratan de repetir un buen día, día tras día, para no tener que exponerse a la parte negativa de las cosas  y no buscan el llegar a la orilla; ponerse a salvo.

Las acciones generan reacciones, cosa obvia, y los errores generan acciones que no siempre son acertadas, pero son acciones al fin, y siempre habrá alguien que se beneficiara y otra que se hundirá, la energía va para todos lados. Si nos quedamos en un punto muerto a esperar que nos saquen de ahí seguiremos ahí para siempre.

Tampoco tenemos que culpar a los demás por hacer su esfuerzo para salir de los atascos, todos tratan de poner en orden sus cosas y tratar de continuar, todos ganan aprendizaje de las cosas y después de cierto tiempo, se gana claridad para reconocer cosas de vital importancia para uno mismo.

Lo importante aquí es no anclarse al abismo de las situaciones, dejarse llevar hacia la superficie, respirar aire nuevo, nuevas oportunidades, y tener más tranquilidad. Hay quienes por el temor al que dirán dejan de hacer cosas que dicta su corazón viviendo amargados por siempre, otros que simplemente se arrodillan ante el status quo y se dejan llevar sin sentir algo de verdad.

El atrevimiento es vital, el imponer la voluntad propia y doblegar las cosas para alcanzar objetivos es aun mas importante, quedarse a ver cómo te conviertes en polvo no suena a buena idea, el tiempo que tenemos aquí es corto y lo mejor es aprovecharlo, vivir cosas, sentir, amar de nuevo, darse la oportunidad de sentir el sol en tu cara y gozarlo, un día cuando menos lo esperes dejaras de hacerlo y no habrá oportunidades para repetirlo, el tiempo siempre será el ahora.

Como dice el refrán: agua pasada no mueve molino, dejemos que la corriente se lleve al olvido las cosas malas y disfrutemos todos los momentos que podamos, la vida es un ratico nada mas…

VMIW.

molino-de-viento,-silueta,-sol,-foto-en-blanco-y-negro-204959

Imagen: Google

Cuando las sombras hablan…

Somos millones de historias convergiendo unas sobre otras, trazando una maraña de situaciones irreales, surreales y atípicas que nos hacen apreciar el tiempo que tenemos para pensar en ellas, y vivirlas, por supuesto. Millones de personajes entran y salen de escena cambiando el curso de los acontecimientos; A interactuando con B y C, para que C al interactuar con D cambie la perspectiva de A. Y millones de posibilidades más, el azar es algo que merece más respeto.

Y en todas las historias, hay personajes que resaltan por las cosas que hacen, por como se desenvuelven y que intrínsecamente están opuestamente relacionadas con lo que hay dentro de su esencia, para crear una imagen que está en total oposición con el verdadero ser, mutando. Conozco infinidad de testimonios de personas que se desahogan acerca de la increíble capacidad que tienen algunas personas para mostrar cosas que no le pertenecen, para llenar vacíos con cosas que no les ayudan en absoluto.

Cada quien tiene sus luchas y cada lucha forma un carácter, una repuesta a los estímulos y a los golpes que vienen de la barrera del presente perpetuo. Y cada experiencia crea un nuevo aprendizaje, que nos ayuda a sobrellevar la vida. Y estoy súper consciente de que esta última línea es demasiado trillada pero la necesito para dar entrada a lo que realmente quiero decir…

La sabiduría que se gana con el tiempo puede ser usada para ayudar a otras personas a encontrar el camino a sus sendas, o, a que le hagan el camino más fácil a alguien valiéndose de trucos y estrategias. Tristemente en el mundo hay demasiada poca honestidad.

Cuando no se tienen algunos objetivos o estrategias claras las personas corren persiguiendo su propia sombra, y en ciertos momentos es divertido no tener nada por qué preocuparse, pero el punto está en que hay cosas que son inminentes y es mejor estar preparados.

Hoy en día, y a pesar de todas las cosas, hay personas que quieren hacer las cosas bien, pero este deseo de mejorar el entorno siempre está acompañado de ingenuidad y ahí es donde entra en escena aquel que embellece tu camino con flores robadas.

Las experiencias negativas cuando no son expulsadas del cuerpo van creando sombras que con el tiempo aprenden a hablar, y hablan bastante, y comienzan a decir cosas bastante claras que tomamos por verdaderas y como única opción, impidiendo ver las cosas desde otro ángulo, con otra perspectiva, de lado y de entendimiento, haciendo que no se puedan lidiar con otras opiniones y otros puntos de vista.

Por más que una persona pueda decir la verdad, siempre tendrán una voz que le hará dudar de lo que dice a cada instante, cambiando de parecer a cada instante, sin poder mantener una posición sobre las cosas.

Las personas siempre tendrán desacuerdos, es completamente normal, pero si las personas solo discuten por el hecho de que alguien tenga objetivos y se los reprochen es una pérdida de tiempo. Hay personas que no saben sino mirar el plato del de al lado.

Lo más lamentable de todo esto es que siempre apuntan a un tercero la culpabilidad de los conflictos que a la vista de todos ellos mismos son los causantes, no son lo suficientemente sabios para aceptar sus propios errores, y tratan de disfrazarlos haciendo cualquier cosa para empequeñecer al resto y que los vean como líderes. Hay una gran diferencia en el respeto que se gana con las acciones y el que se impone a la fuerza. Porque a la larga nadie respeta a quien cree que tiene la razón por asumir que es así mismo.

La admiración y el respeto que puede llegar a sentirse por alguien depende de lo honesto y desinteresado que este sea, no por recordarle a los demás los “logros” obtenidos gracias a esa persona, “sacando en cara” como se suele decir vulgarmente.

Muchas veces las personas necesitan reconocerse en el espejo y dar la cara a su propio abismo para poder encontrar lo que hace falta para asumir nuevos riesgos y encontrarse a sí mismos, principalmente, y asumir su rol dentro del ambiente en el que se desenvuelven.

La vida, si bien es incierta, es injustamente catalogada de dura por las cosas que a unos les ha tocado afrontar. Pero si no decaemos en la lucha podemos hacer cosas que puedan mejorar nuestros espacios personales y hacer que las cosas mejoren para los que nos rodean. Vivir y aprender no tiene que ser tan difícil.

VMIW

shadows

Imagen. Google

Oportunidades…

Creo que en todo momento siempre ha pasado por nuestras mentes que las cosas nunca sucederán como queremos que suceda, que por más que nos esforcemos por las cosas nunca se nos dan y que la frustración de esto haga que nos conformemos con menos, que dejemos de nadar.

Y a pesar de todas las veces que siempre suena aquí y allá “no te rindas”, simplemente abandonamos el camino pensando que ya no vale la pena. Les diré algo: No siempre es así, no siempre la puerta está cerrada.

Seria genial que pudiésemos ver una señal luminosa que nos diga cual oportunidad debemos tomar y cual no, pero la vida no es así; la vida es un constante avance ligado al azar y a las probabilidades de éxito y fracaso, y si no te arriesgas a perderlo todo o a doblar, no habrás vivido.

Obviamente no soy la mejor persona para hablar de cómo vivir o que hacer y qué no hacer, siento que aún me falta mucho en el sendero que estoy pavimentando a diario, pero sí puedo decir que del riesgo, de las situaciones extremas, del mínimo de éxito, es donde están las experiencias realmente valiosas, las que nos permiten avanzar y aprender.

Nunca sabremos cuando algo será lo mejor o nos estallará una bomba en la cara, pero es mejor arriesgarse y saber.

Soy de los que piensan demasiado para hacer algo, para atreverme a hacer algo, por el miedo al fracaso y a la decepción y porque no, al dolor. Pero descubrí que mientras tenia estas cavilaciones acerca de si sí o si no el tiempo seguía corriendo a mi alrededor y para todos al mismo tiempo también, aprovechándolo y arriesgando, por lo que decidí dejarme llevar por el flujo de las cosas, con miedo pero con la frente en alto, que las chispas iluminen y quemen mi piel; y debo decir que cada decisión vale la pena, para saber dónde pisar y donde saltar, donde cuidarme y donde avanzar.

Las oportunidades siempre estarán allí y como humanos no tenemos capacidad para determinar si serán buenas o malas, solo están allí y debemos quitarnos el temor a lidiar con ellas, podrían ser las primeras de un montón de cosas, podrían ser las que nos cierren las puertas y de vuelta al inicio, qué más da, siempre nos llevaremos unas cuantas marcas y un gran aprendizaje para seguir. A fin de cuentas, todo el aprendizaje de algún modo u otro viene así, a trompicones.

VMIW.

dsc06867